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Política | Jue. 16 jul '09
¿Dónde está el Apra?
En el nombramiento del gabinete de Javier Velásquez Quesquén no existe audacia ni carta debajo de la manga, tal como pasó con la designación de Yehude Simón. Es el movimiento previsible y mediano que sobreviene luego del 'Baguazo’, de evaluar que se acabaron los naipes y solo resta el juego partidario.
El propio Velásquez Quesquén, sin espacio propio como Jorge del Castillo y Yehude, deberá recostarse sobre la maquinaria de Alfonso Ugarte si desea tratar con eficacia la protesta social. El otro camino es conocido: el recurso policial y militar.
La posible elección de Luis Alva Castro, otro hombre fuerte del engranaje aprista, como presidente del Congreso, la cercanía de las elecciones regionales y nacionales y el avance de Del Castillo en el partido señalan que en Alfonso Ugarte se elevará la voz ante García.
El Apra ha defendido al régimen en el Parlamento, pero ha estado ausente en la Amazonía, en Andahuaylas, en el Cusco y, en general, en la mayoría de protestas sociales que encrespan al país. ¿Cómo así grupitos radicalizados arrinconaron al antiguo partido de Haya en calles y plazas? ¿Qué ha sucedido en la provincia con la maquinaria política más poderosa del siglo XX?
Si el Gabinete Velásquez Quesquén se vuelve un eco presidencial, entonces, la manera de enfrentar la anarquía social está definida: mayor inteligencia y eficacia policial y militar. Un camino viscoso que produce resbalones autoritarios y roza con el fracaso.
Los proyectos bolivarianos provocan la reacción desproporcionada del Estado para cebarse de muertos con los que legitiman sus propuestas. Sin embargo, si el Apra, fiel a su historia y tradición, vuelve a disputar en la calle la conciencia de los nativos, de andahuaylinos y cusqueños, el psicosocial chavista se torna inofensivo.
El Estado puede consultar leyes e informar, pero la intermediación entre la gente y el Estado le corresponde a los partidos y, ahora, sobre todo, al Apra.
Los proyectos bolivarianos ganan en ciertos países porque los demócratas solo pelean el ánfora y abandonan la provincia y el sindicato. En las democracias avanzadas, como Estados Unidos, Inglaterra y España, las organizaciones políticas disputan el sufragio y el gremio con uñas y dientes. En semejante estructura política no hay espacio para radicalismos afiebrados. Cuando un gobierno es jaqueado en la plaza y el bloqueo de la carretera se vuelve endémico, la primera línea de defensa de la democracia la ejerce el partido de gobierno que, a veces, encabeza la protesta contra la autoridad regional o el ministro.
Una actitud diferente del Apra en la coyuntura depende de una nueva relación del partido con el segundo alanismo. En todo caso, Velásquez Quesquén y el partido de Alfonso Ugarte tienen la palabra.
El propio Velásquez Quesquén, sin espacio propio como Jorge del Castillo y Yehude, deberá recostarse sobre la maquinaria de Alfonso Ugarte si desea tratar con eficacia la protesta social. El otro camino es conocido: el recurso policial y militar.
La posible elección de Luis Alva Castro, otro hombre fuerte del engranaje aprista, como presidente del Congreso, la cercanía de las elecciones regionales y nacionales y el avance de Del Castillo en el partido señalan que en Alfonso Ugarte se elevará la voz ante García.
El Apra ha defendido al régimen en el Parlamento, pero ha estado ausente en la Amazonía, en Andahuaylas, en el Cusco y, en general, en la mayoría de protestas sociales que encrespan al país. ¿Cómo así grupitos radicalizados arrinconaron al antiguo partido de Haya en calles y plazas? ¿Qué ha sucedido en la provincia con la maquinaria política más poderosa del siglo XX?
Si el Gabinete Velásquez Quesquén se vuelve un eco presidencial, entonces, la manera de enfrentar la anarquía social está definida: mayor inteligencia y eficacia policial y militar. Un camino viscoso que produce resbalones autoritarios y roza con el fracaso.
Los proyectos bolivarianos provocan la reacción desproporcionada del Estado para cebarse de muertos con los que legitiman sus propuestas. Sin embargo, si el Apra, fiel a su historia y tradición, vuelve a disputar en la calle la conciencia de los nativos, de andahuaylinos y cusqueños, el psicosocial chavista se torna inofensivo.
El Estado puede consultar leyes e informar, pero la intermediación entre la gente y el Estado le corresponde a los partidos y, ahora, sobre todo, al Apra.
Los proyectos bolivarianos ganan en ciertos países porque los demócratas solo pelean el ánfora y abandonan la provincia y el sindicato. En las democracias avanzadas, como Estados Unidos, Inglaterra y España, las organizaciones políticas disputan el sufragio y el gremio con uñas y dientes. En semejante estructura política no hay espacio para radicalismos afiebrados. Cuando un gobierno es jaqueado en la plaza y el bloqueo de la carretera se vuelve endémico, la primera línea de defensa de la democracia la ejerce el partido de gobierno que, a veces, encabeza la protesta contra la autoridad regional o el ministro.
Una actitud diferente del Apra en la coyuntura depende de una nueva relación del partido con el segundo alanismo. En todo caso, Velásquez Quesquén y el partido de Alfonso Ugarte tienen la palabra.
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