Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
La última encuesta del Instituto de Opinión Pública (IOP) de la Universidad Católica trae resultados altamente significativos. Aprueban a Alan García un 30% de los encuestados, y lo desaprueban el 66%. Como hace notar el IOP, la brecha entre aprobación y desaprobación (36%) es la más alta de toda la gestión presidencial. La inmensa mayoría de los peruanos desaprueba a García, pero es entre las mujeres y los pobres que la situación está color de hormiga. La aprobación entre las mujeres es de 25% y la desaprobación de 70%. En el estrato socioeconómico E –los más pobres– lo aprueba un 20% (para consuelo de Alan García, Jorge del Castillo tuvo 19%) y desaprueba un 74%. La brecha entre los que aprueban y quienes desaprueban llega pues al 45% entre las mujeres y al 54% entre los más pobres. La derecha peruana va a tener que darle apapachadas extras a su presidente favorito, para que no se le ocurra salirse del libreto de la política responsable (con la derecha). La crisis de credibilidad de las instituciones políticas sigue agravándose. En el Gobierno confía el 23% y en el Poder Judicial un 15%. El Congreso de la República tiene un merecidísimo 12% (9% a nivel nacional, según Ipsos Apoyo) y no muy lejos andan los partidos políticos: 18% (¿cómo andará el Apra?). Salen mejor librados la Iglesia católica con 61%, los medios de comunicación con 53% (por algo será) y las fuerzas armadas (45%). A pesar de la campaña de satanización contra los sindicatos estos alcanzan un respaldo del 32%: el doble que el del sistema de justicia y el triple que el del Congreso. ¿Mejorará el clima? Con el Apra copando el Estado y los escándalos que se vienen el pronóstico es de tiempos borrascosos. AMOR ETERNO. Las recientes declaraciones de la señora (hasta ahora) Satomi Kataoka, explicando que su matrimonio con Alberto Fujimori solo fue un truco publicitario para presionar al gobierno japonés para que defendiera al reo, y que su relación con ese señor es “más como la de un padre y una hija” (como dirían en México: “¡qué padre!”) recuerda el viejo dicho: “Tras cuernos, palos”. Felizmente Carlos Raffo se ha apresurado a explicarnos que somos víctimas de un malentendido cultural, porque “hay que entender que la relación matrimonial en Japón es muy diferente a la de Occidente”. Gracias a su espléndida sapiencia ahora sabemos que en Japón la muchedumbre aplaude cuando las esposas dejan abandonados a sus maridos en prisión, a diferencia de lo que pasa entre nosotros, los subdesarrollados, donde las mujeres apoyan a sus cónyuges en las buenas y en las malas, y van a visitarlos “a Canadá”, con su portavianda.