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Disparan a helicóptero en que iba jefe del Comando Conjunto

2009/04/29

Narcoterroristas usaron lanzacohetes RPG ocultos en zona alta de cerro Judas, del VRAE. Pese a numerosas dificultades, soldados y oficiales del Ejército dicen tener “moral al tope”.

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Las huestes del 'camarada José’, en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE) estuvieron a punto de asestarles un gran golpe a las Fuerzas Armadas del país. Ayer, en Vizcatán, el helicóptero MI-17 de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) que transportaba al general Francisco Contreras Rivas, jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CCFFAA), estuvo cerca de ser impactado por dos disparos de lanzacohetes RPG, de fabricación rusa, que los narcoterroristas se dan el lujo de poseer. Desde temprano, la nave había recorrido las bases del cerro Vizcatán, la Compañía de Comandos Lince –ubicada en zona baja, margen derecha del río Mantaro– y la base del cerro Judas. Todas muy cerca una de la otra. Después de verificar las condiciones en este último puesto, Contreras, su comitiva de altos oficiales del CCFFAA y dos periodistas –el autor de esta nota y Gilmar Pérez, reportero gráfico de Caretas– subieron al helicóptero para dirigirse a la base de Pichari. Aquí se recargaría combustible para continuar hacia Sanabamba, lugar donde ocurrió el atentado terrorista que dejó, hace poco, 15 soldados muertos. Era la 1:30 de la tarde. De pronto, una explosión, primero, y un remezón de la nave, después, originó gritos de “¡al piso!” por parte de los oficiales. Hubo una segunda explosión y afuera solo se oían disparos de fusiles ametralladoras. Todo ocurrió en segundos. El piloto del helicóptero inició un ascenso rápido y no se produjeron más disparos. Afortunadamente, no hubo víctimas. Ocurrió que un grupo no determinado de narcoterroristas oculto en la espesura de la parte alta del cerro Judas hizo disparos con lanzacohetes RPG. Y los disparos de metralleta fueron realizados por los soldados de la base, en una reacción rápida para proteger la “salida” de la nave. CONFIRMAN ARMAMENTO. Una hora más tarde, ya en Pichari, el general Contreras recibió una llamada satelital desde la base del cerro Judas. Era el jefe del lugar, el mayor EP Fidel Bocanegra Burga. Le dijo que habían encontrado los restos de los cohetes a una distancia de entre 10 y 15 metros de donde estaba el helicóptero. Bocanegra confirmó que se trataba de municiones de un lanzacohetes RPG. “Verifica el lugar de donde han disparado, dile a tu gente que muy buena su reacción, se posicionaron de inmediato”, le dijo Contreras al mayor. Enseguida, al jefe del CCFFAA le informaron que los efectivos de la base del cerro Tincuya –ubicada en la misma zona– habían visto las explosiones. “¡Hace dos meses que no pasa nada allí, y justo hoy día atacan, carajo!”, expresó, molesto, un alto oficial. Su exclamación resumía la sorpresa general de todos los que iban en la aeronave, pues se suponía que el sector de Vizcatán estaba plenamente controlado. Por lo menos así lo habían asegurado, días atrás, el premier Yehude Simon y el ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz. Lo cierto es que los narcoterroristas fallaron en sus disparos probablemente –según la hipótesis de un oficial de la Marina, de la base de Pichari– porque estaban a más de 200 metros del objetivo (el helicóptero). Otro oficial sugirió que quizás esperaron que los tripulantes estuvieran dentro de la nave para causar un daño grave. CARENCIAS Y MORAL. El movimiento de los soldados en Vizcatán es limitado. Quedan aún muchas zonas minadas con explosivos artesanales colocados por los narcoterroristas. Las condiciones climáticas, el calor agobiante, la falta de bidones de agua –recogen agua del río Mantaro y la 'purifican’ con cloro–, la ración insuficiente de alimentos, solo por mencionar algunos problemas, dificultan que la tropa pueda combatir eficientemente a las huestes de 'José’ y de 'Alipio’. Aun así, este diario comprobó el temple de los jóvenes soldados que combaten en Vizcatán. Contreras y sus oficiales suben y bajan los cerros para tomar nota de sus necesidades. “Aquí falta esto”, “allá falta esto otro”, repite el jefe del Comando Conjunto. Luego, llama por teléfono satelital al ministro de Defensa, lo saluda y lo pone en comunicación con el mayor Roberto López Palomino o con el otro mayor, Fidel Bocanegra. Estos levantan la voz y dicen: “¡Estamos con la moral al tope, señor ministro!”. Y es cierto, pese a todo. Los oficiales y los soldados con rostro de niños hablan en todo momento de la patria. Pero el Ejecutivo debería mejorar las condiciones en las que luchan, pues así son presas fáciles del terror.