Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Es lamentable cómo ha terminado su gestión Jorge del Castillo. El ex primer ministro se ha quejado, en su discurso de despedida, de que lo acusen por las declaraciones de dos bribones. Aquí hay tela para cortar. El primer cuestionado, Alberto Quimper, fue hasta asesor del presidente Alan García en temas tributarios, según declaró Aurelio Pastor al diario Correo, el 5 de mayo de 2003. Rómulo León Alegría, por su parte, tiene una cercanía con el núcleo de poder del gobierno mucho mayor del que se quiere reconocer. Es sintomática su primera reacción, al estallar el escándalo, cuando desafió a sus compañeros a detenerlo si se atrevían: la típica reacción del matón que se siente blindado por los secretos que guarda, y por el daño que podría hacer si hablara. Lo que ha echado sombras sobre la credibilidad de Del Castillo no son los diálogos de los dos delincuentes sino sus propias declaraciones, negando sus relaciones con León Alegría. Como es sabido, Del Castillo fue desmentido de inmediato con fotos y videos que lo mostraban apadrinando la inauguración de una empresa de una sobrina de León Alegría, inmortalizando además su nombre en una placa de bronce, que él mismo se encargó de develar. León Alegría ha explicado –en una conversación con Canáan– por qué esta ceremonia es la prueba de una estrecha cercanía. Será el Poder Judicial (una entidad, por desgracia, profundamente desprestigiada, que tiene apenas un 17% de respaldo, debido a su obsecuencia frente al poder) quien tendrá que pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad de los implicados, cuando las evidencias apuntan muy arriba. Con algunos implicados, además, que tienen inmunidad parlamentaria. Va a ser necesaria una firme vigilancia ciudadana para evitar que el cáncer de la corrupción vuelva a arruinarnos. Hay razones para desconfiar. Quimper acaba de afirmar –según versión recogida por La República– que también Hernán Garrido Lecca ha sido grabado subrepticiamente. Los indicios apuntan a un presunto negociado de salud pública. Es bueno recordar que es Garrido Lecca quien promovió, con una conmovedora insistencia, la incorporación del cuestionado Carlos Arana –un hombre cercano a otro personaje con una foja muy visible por corrupción: Agustín Mantilla (que me perdone Susana Pinilla, que lo considera “una persona honorable”)– como funcionario del gobierno. Hasta aquí, lo que se conoce apunta a conexiones muy, muy arriba. Escribo desde Guadalajara. En México, el presidente Calderón ha reconocido finalmente que la crisis los va a afectar, y ha anunciado medidas para crear empleo y promover la mediana y pequeña empresa. Alan García queda como el último blindado de América Latina. Por desgracia, su feo despertar lo vamos a pagar todos.