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El día que define los próximos años

2008/11/04
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Esta noche, la sociedad estadounidense tendrá un presidente negro o una vicepresidenta, a más de 80 años de que el movimiento feminista lograra el sufragio de la mujer y a 40 años de que los negros obtuvieran pleno derecho al voto. Luego de una campaña electoral singular, esta noche será electo el mandatario que deberá manejar la más difícil coyuntura de Estados Unidos desde que F.D. Roosevelt confrontó, en tres periodos, las consecuencias de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial. Si bien las disputadas primarias demócratas entre Hillary Clinton y Barack Obama borraron en pocos meses las barreras de género y raza que a la mayoría de repúblicas europeas les tomó casi dos siglos en lograr, el proceso de inclusión de minorías en la política norteamericana ha sido gradual. Los republicanos también le dieron un gran empujón con la designación de Condoleezza Rice como secretaria de Estado, más allá de su cuestionable proceder en el cargo. Sea Obama o McCain quien se lleve más de los 270 votos del Colegio Electoral, el triunfador tendrá que esperar por el panorama político del Congreso, donde también se elige a un tercio del Senado y a todos los miembros de la Cámara Baja. Será importantísimo para el nuevo presidente contar con una mayoría de su partido en el Legislativo, dadas las difíciles decisiones que deberá tomar con respecto a la crisis bursátil, las tropas en Irak y Afganistán, el desafío que presenta Irán y, sobre todo, los problemas de mediano y largo plazo: profundos cambios en el sistema político financiero y de salud de Estados Unidos, el calentamiento global, la búsqueda de independencia energética, la competitividad del país en un mundo de varias potencias regionales, etcétera. Hoy sabremos si el voto de castigo contra los republicanos se impone sobre el voto oculto –racista y prejuicioso– que no concibe que el liderazgo del país sea ejercido por un hombre negro, descendiente de padre musulmán y algo joven para dirigir la primera potencia militar. Obama o McCain, a pesar de sus enormes diferencias, son dos peculiares candidatos para la campaña presidencial más excepcional de la historia moderna norteamericana. Uno de ellos tendrá que demostrar si su país sigue siendo el de mayor capacidad para cambiar y derrotar democráticamente graves amenazas como las que ya ha superado –el fascismo nazi y soviético– y, si puede, combatir sus propios fantasmas, como el macarthysmo, el aislacionismo, el racismo y el fundamentalismo religioso e ideológico.