Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Las marchas, algunas con desmanes, así como los incidentes en el Congreso, deben de haber servido para los involucrados, y para el país en general, como un proceso de ventilación que esperamos nos permita ir cerrando el primer y dramático capítulo de los sucesos de Bagua. Lo que correspondería ahora sería mirar hacia adelante y tratar de asegurar que no se vuelvan a repetir los errores. Claramente, al no haberse incrementado el contingente aprista en el gabinete, Yehude Simon ha recibido un nuevo aliento de vida que lo debe impulsar a dirigir el proceso de diálogo con los nativos hasta solucionarlo. Para ello, debería esta vez asegurarse de que se encuentra mejor rodeado. La denuncia sobre la verdadera preocupación y ocupación del secretario ejecutivo del Indepa –institución que en todos estos sucesos brilló por su ausencia– confirma que a los compañeros dirigentes se les nombra en entidades sin justificación ni criterio, ya que el único objetivo es asegurarles un puesto en la planilla del Estado. Más rentable para el país sería enviarles directamente, sin que tengan que salir de sus casas, los cheques del salario y nombrar en su lugar a gente competente que sí pueda ejercer adecuadamente el cargo. Asimismo, el Gobierno, al tiempo que trata de salir del embrollo en que ha caído, tiene la necesidad de bajar la evidente frustración que existe en las zonas rurales, tanto andinas como amazónicas, antes de llegar a las próximas elecciones. Allí, lo que corresponde es encargarle cada zona a alguien eficiente –luego de casi un año desde que el programa de gerentes públicos fuera creado, el Estado está, finalmente, contratando– para que actúe como un facilitador y logre acelerar la ejecución de la inversión. Esto último es fundamental porque, a diferencia de otras épocas de sequía fiscal, en la actualidad hay la intención de incrementar la inversión pública y se ha establecido mecanismos, como obras por impuestos o las asociaciones público privadas, para facilitar la inversión privada en infraestructura. Lo que se requiere es destrabar la maraña burocrática que la continúa asfixiando, ya que hay recursos públicos y privados a mano. Finalmente, sería importante que el Gobierno no continúe cayendo en la confrontación y reconstruya la relación del Estado con una parte de la población a la cual inexplicablemente ignoró y ha abandonado.