Además:

Detrás de la muerte de Paola Vargas

2009/11/03
Compartir

“Me fui a la pandilla y, después, a la barra. ¿Qué iba a hacer? Mi papá venía borracho. No conseguía ni un cachuelo y mi mamá reclamaba porque no había para comer. Cada día somos más y ahora viene bastante chibolito”. Ricardo (17). ¿Qué tipo de violencia mató a Paola? No fue terrorismo de Sendero, MRTA o del Estado, o terrorismo blanco de los políticos o funcionarios corruptos –que se llevan fondos en un país de muertos de frío, hambre y falta de medicinas–, o enfrentamiento de hinchadas deportivas o políticas, o delincuencia común o muerte en carreteras por culpa de choferes y empresas. Esto es mucho peor. Es el extremo. Es la metástasis de un cáncer de deshumanización que se viene generalizando en el país. Los más responsables: los que dirigen o han dirigido el Perú. Empujaron a Paola por el gozo de hacerlo. Jóvenes con violencia extrema propia de quienes sienten desesperanza total: nada bueno pueden hacer porque nada bueno recibieron. Fue la ruptura de las normas esenciales del hombre civilizado. Los animales son mejores, respetan a su especie. Actuaron como fieras enloquecidas que atacan sin motivo. ¿Somos “el galpón” que menciona el historiador Lewkowicz?: “Un lugar sin dignidad donde hay una aglomeración de materia humana y, también, ladrillos y reglamentos que nadie respeta”. La materia humana –personas que se mueven y tienen rutinas– no sabe qué hacer ni qué le espera. Ud. y yo sí sabemos qué hacer: vincularnos unos a otros, lentamente, artesanalmente, aunque nos sea muy angustioso (1). Conversar de esto, indignarnos, reclamar a los políticos por su cancerosa indiferencia. Reconocer a los que piensan con amor de los que usan su pensamiento para siempre ser inocentes. (1) 'Destitución de la infancia’, Ignacio Lewkowicz.