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Detrás de cámaras del nuevo gabinete

2009/07/18
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Hace una semana, Javier Velásquez se convirtió en el tercer primer ministro del segundo gobierno de Alan García. Lo hizo acompañado por un equipo con indiscutible predominio oficialista, garantía de que no pocos ministerios se convertirán en mesas de partes de Palacio de Gobierno. Dicho sea de paso, algo similar se espera en el Parlamento con Luis Alva Castro en el sillón presidencial. Hace una semana, Perú.21 también advirtió que el premierato de Velásquez conllevaba, en la práctica, el retorno de Jorge del Castillo a la Presidencia del Consejo de Ministros, y así parece haberlo confirmado el desbordante júbilo que el ex premier exhibió en la ceremonia de juramentación. Las fotos, señores, no mienten, como tampoco la forzada sonrisa con que, ese mismo día, el saliente titular de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, agradeció el gesto presidencial de invitarlo al balcón del Salón Dorado de Palacio de Gobierno para recibir los aplausos de los presentes. Esa vez, el aplomo que caracteriza a Flores-Aráoz brilló por su ausencia. No era para menos. Hasta la noche anterior, su continuidad en la cartera de Defensa se daba por descontada. ¡Así se lo había asegurado el propio presidente de la República! ¿Qué fue, entonces, lo que determinó que, el sábado muy temprano, recibiera una comunicación escrita, a nombre del mandatario, en la que terceros le informaban que ya no iba más? No hubo llamada telefónica ni explicaciones de quien apenas horas antes le había garantizado su permanencia en el Ejecutivo por lo menos hasta octubre. Fuentes acreditadas aseguran que la decisión de sacarlo del gabinete fue de Velásquez. Quizá por eso García trató de redimirlo ofreciéndole un último baño de multitud. Pero Flores-Aráoz no fue el único que saboreó la (in)'gratitud’ aprista. También lo hizo Jorge Villasante, de Trabajo. Por su parte, Mercedes Aráoz –decidida a dejar el gabinete como campeona, según ella misma escribió– aceptó a regañadientes el portafolio de la Producción, no sin antes hacer la lucha por mantenerse en Comercio Exterior e, incluso, tantear sin éxito su ingreso a la Cancillería (por supuesto que no a un cargo de segundo nivel). Su tocaya Cabanillas, dicen en el Ejecutivo, abrigaba la esperanza de su posible traslado del Interior a Educación en un eventual premierato de José Antonio Chang. Eso, y el consecuente riesgo de que las reformas implementadas en su sector se fueran al tacho, fue suficiente para que Chang decidiera mantenerse al frente de Educación. Donde sí es seguro que no habrá reformas, por lo menos no de fondo, es en Justicia, pues la salida de Rosario Fernández, trascendió, es consecuencia precisamente de la negativa del presidente a aceptar sus propuestas para endurecer las penas para los delitos que se cometen en la administración pública y para hacer más difícil el acceso a beneficios penitenciarios. Fernández era, desde hace buen tiempo, una piedra en el zapato para García. Presionó, amenazó con irse. Ni cortos ni perezosos, le dijeron adiós. Siendo Pastor un miembro de la casa, no habrá ese problema. ¡Qué bonita familia!