Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
María es una pequeña ayacuchana de 6 años, quechuahablante, que vive en el campo con cuatro hermanos y su madre, único sostén de la familia, que los mantiene a todos con 1 dólar diario. ¿Qué posibilidades tiene esta niña de convertirse en una abogada prominente o en una catedrática universitaria? No muy altas, por cierto, y según el último informe del Banco Mundial sobre igualdad de oportunidades, tiene muchísimas menos opciones de alcanzar el éxito en la vida que un niño limeño, de su misma edad, cuyos padres cuentan con mejores ingresos y secundaria completa. Si lo analizamos con frialdad, la situación es injusta y desesperante: millones de niños peruanos están impedidos de realizarse y ser productivos para la sociedad por factores que van más allá de su control. El destino está marcado para ellos por culpa de su raza, género, lugar de nacimiento, educación de sus padres, idioma o número de hermanos. El estudio del Banco Mundial, muy bien presentado por el economista Jaime Saavedra en Perumín 2009, demuestra que, en el Perú, los Índices de Igualdad de Oportunidades son todavía bajos. Esto quiere decir que el acceso a la educación de calidad, el suministro de agua potable, la luz y la atención médica, indispensables para el desarrollo de cualquier ser humano, es muy malo cuando la población es indígena, quechuahablante, rural, etc. Estamos, entonces, ante una situación bastante compleja porque pareciera que nos hemos acostumbrado, como sociedad, a tolerar la existencia de pobres siempre condenados a la necesidad y al fracaso. No importa mucho si María nació con grandes talentos, o si se esfuerza por alcanzar sus metas, o si toma buenas o malas decisiones en su vida. Las estadísticas demuestran que sus posibilidades de éxito no dependen de sí misma, y su fracaso como individuo productivo va a ser una carga para la sociedad. Obviamente, el primer llamado a igualar la cancha para que todos los niños tengan las mismas oportunidades es el Estado, a través de políticas públicas coherentes y bien focalizadas. No se trata de dar limosnas, sino de ofrecerles a María y a sus hermanos la posibilidad de que su éxito como persona dependa de sí misma y de sus ganas de salir adelante. Pero para eso se necesitan recursos. Por eso, unámonos a la campaña 'Se busca un millón de amigos’, que busca, a través de firmas y adhesiones, reclamarle al Gobierno que en el Presupuesto de la República del 2010 se garanticen los recursos orientados a la atención de la infancia. La información la encuentran en http://sebuscaunmillondeamigos.blogspot.com. Apúntense. Por María.