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El desborde popular de Matos, veinte años después

2004/08/10
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Reflexión sobre el libro Desborde Popular y Crisis del Estado, que causara gran impacto en el país hace dos décadas y que ahora vuelve a ser editado. En edición del Congreso se publica ahora el libro de José Matos Mar que, veinte años atrás, causara un gran impacto en el país y se convirtiera en un éxito de librería. Desborde Popular y Crisis del Estado fue más que una alerta temprana acerca de un proceso en el que se hallaban embarcadas porciones muy importantes de la población peruana. Además, propuso una interpretación de aquello que hasta entonces se había tendido a ver como lo marginal -la barriada o el pueblo joven-, para situarlo como foco de un cambio social. Desde entonces, se pudo vislumbrar que -como ocurriría luego crecientemente-, más bien era la vida de los sectores medios altos y altos la que estaba destinada a quedar ubicada en los márgenes. Matos había estudiado el fenómeno de las barriadas desde que se inició en la Lima de los años cincuenta. Con su acucioso trabajo de etnólogo, había penetrado en la formación y organización de esa nueva entidad. Y constató en ella una fuerza y un vigor importantes. Treinta años más tarde, el autor olfateó algo de mayor envergadura y nos hizo ver que el fenómeno era, en realidad, parte de un gran proceso social. La barriada era la expresión más visible de una salida de cauce, de parte de amplios sectores sociales, insatisfechos con el lugar subordinado que le había sido reservado en el orden oligárquico, primero, y los (des)órdenes relativos que le sucedieron. En ese sentido, Matos debe ser reconocido como un precursor. Otros recogieron su propuesta -en ocasiones, sin citarlo- y desarrollaron, a veces de manera antojadiza, las posibilidades que él creyó descubrir en el desborde. Un desborde que se había iniciado con la migración que desembocó en urbanización apresurada y precaria, y había encontrado soporte en la universalización de la educación. Los cholos buscaron así su propia manera de igualarse, hartos de no ser reconocidos como ciudadanos. Pero, Matos -acaso más en el estilo que en el concepto- no se limitó a la constatación: se creyó en condiciones de trazar un derrotero a ese proceso social o quizá, en términos algo menos ambiciosos, formular una apuesta. Él vio en el desborde popular las bases de la creación de un nuevo orden, para llegar al cual la reciprocidad andina heredada por los migrantes se estaba convirtiendo en solidaridad ciudadana. Lejos de ubicar en la barriada el germen del capitalismo popular -como, desde hace mucho, Hernando de Soto nos repite sin aburrirse- Matos creyó advertir en el fenómeno una suerte de crisol social urbano donde los comportamientos personales y las relaciones sociales estaban volviendo a ser fundados. La discusión sobre esta tesis fue insuficiente y el éxito del libro la convirtió, para algunos, en moneda corriente. Pero ya había en curso el desarrollo de otros rasgos de ese mismo proceso urbano que, para usar un término incorporado popularmente a nuestro habla, se pudieron resumir, por esos mismos años, como el achoramiento. Así observado, el desborde mostraba poco de creación de un nuevo orden solidario y mucho de generación de desórdenes, de fragmentación social y de individualización desarraigada. Y aquello que -bajo formas de organización como los comedores populares, los comités del vaso de leche y las rondas campesinas- parecía constituir núcleos fuertes de gestación de ciudadanía y reproducción de solidaridad, era en verdad portador de una simulación adaptativa de quienes aparentemente aceptaban reglas del juego impuestas por agentes externos, para obtener algún beneficio a cambio. Tal fue la tesis que desarrollé, con Alonso Zarzar y Nena Delpino, en La otra cara de la luna. Nuevos actores sociales en el Perú, en los años noventa. Para José Matos, según escribe en las páginas con las que apostilla la nueva edición de su libro, veinte años después, el proceso original se frustró debido a dos factores: la introducción de la violencia por los grupos armados y la incapacidad de los gobiernos democráticamente elegidos para encauzar positivamente el desborde. No cabe duda de que estos factores tuvieron -y el segundo mantiene- una importancia crítica. Pero, aun así, la pregunta acerca de los contenidos reales del desborde y los alcances de su potencialidad creadora, queda en pie. Acaso la apuesta de Matos fue más emotiva que racional. Quizá pretendió dar a su trabajo de científico social una función predictiva que le está negada casi por definición, como demuestran los numerosos trabajos publicados entre las décadas del setenta y del ochenta que, releídos hoy, revelan su incapacidad radical para dar cuenta del país que en efecto se estaba gestando y que es el que hoy conocemos. El exceso de ideologización en las ciencias sociales terminó inventando una realidad que nunca llegamos a ver. Por el contrario, el país produjo crecientes formas de degeneración social que, es cierto, no eran nítidamente visibles entonces, pero que un estudioso menos comprometido no tardaba en advertir bajo formas embrionarias. Ese proceso de descomposición es, en parte, el que explica la ferocidad de la insurgencia y de su combate. Es el que llevó a que la organización social popular se adaptase oportunistamente a las condiciones y reglas de la dictadura fujimorista. E hizo posible a Montesinos y a la extensión de su vastísima red de clientes, en diferentes niveles sociales. Ese proceso, en fin, es el que ha conducido al país adonde se halla. Quienes discrepamos en matices importantes con el libro de José Matos, en su día, acaso hoy estamos en mejor condición que otros para reconocer toda su importancia. Que, más allá del libro, es la de un hombre que, como pocos, ha contribuido decisivamente a la comprensión de este país, durante muchas décadas. El país, ciertamente, ha aprovechado insuficientemente a Matos. No ha reconocido de verdad en él no sólo al antropólogo riguroso y al intelectual embarcado en la causa de un Perú mejor. Ni siquiera ha sabido entender que, gracias al esfuerzo de construcción institucional hecho por Matos en el Instituto de Estudios Peruanos, se pudo contar durante muchos años con libros decisivos para la comprensión del país. Esto último da una razón especial para celebrar la nueva edición de Desborde Popular y Crisis del Estado. Aunque tardía e insuficiente, es una forma de reconocer en su autor a uno de los personajes que más ha aportado a la vida intelectual del siglo XX en el Perú.