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Los desalmados

2008/08/03

El riesgo de buscar acuerdo total en asuntos del alma.

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Quizá el aspecto más interesante del reciente mensaje presidencial, por innovador y porque podría ser importante para el país, es la 'reforma del alma’. Aunque también implica riesgos. Será interesante que Alan García desarrolle el tema para saber lo que pretende. Mientras, se puede decir que hizo bien en señalar que la 'reforma del alma’ no pasa por una ley y que empieza por casa. Sin duda, se alude a valores y acciones para construir una mejor sociedad, como algunos de los mencionados por el presidente –combate a la violación de menores, a la violencia familiar, al racismo y a la evasión de impuestos–, en los que debiera haber acuerdo pleno. Winston Churchill decía que algunas personas no le caían bien porque tenían todas las virtudes que no le gustaban y ninguno de los vicios que admiraba. Así, es obvio que no siempre se puede estar de acuerdo en los asuntos del alma, especialmente en una sociedad compleja y plural como la peruana. Los que confunden el corazón con la billetera creen que los valores principales están en la Bolsa –la del pasaje Acuña–, y que a estos deben supeditarse los otros. Esos son los que, por ejemplo, aprueban la prisión de Roque Gonzales, quien viajó en febrero a un congreso bolivariano en Quito y sigue preso desde hace cinco meses sin pruebas en su contra. Su 'delito’ es ser un ex MRTA, por lo cual ya cumplió una condena de nueve años. Su prisión es injusta, aun cuando discrepemos de sus ideas. O son los que han puesto el grito en el cielo porque la ministra de Justicia, Rosario Fernández, participó en un evento que premió a tres presos que ganaron un concurso literario y piden –con histeria– su caída por este motivo. A nosotros, en cambio, nos parece muy valiosa su participación, pues apunta en la dirección correcta de recuperar a los delincuentes para la sociedad. El riesgo principal de una 'reforma del alma’ es que la aprovechen los autoritarios, los que pretenden que sus valores, pero principalmente sus intereses, prevalezcan sobre el resto, y se eliminen la opción de la discrepancia y el respeto por la diferencia, así como la posibilidad de criticar al poderoso. Entre lo que es fundamental y lo que es controversial está la clave de una reforma del alma. Si esto no está claro, mejor ni meternos.