Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
la primera semana del nuevo gabinete ha sido relativamente tranquila, excepción hecha de los ataques de los fujimoristas contra el premier Yehude Simon a causa de su pasado político. Las dificultades más importantes se han asomado desde el propio gabinete. Simon hizo algunas declaraciones innecesarias y apresuradas: la primera, sobre el posible cambio de dos ministros en diciembre; y la segunda, su 'quitada de piso’ al ministro del Interior, Remigio Hernani, en su tensa relación con el director general de la Policía Nacional. En ambos casos, Simon debió hacer las correcciones correspondientes. El desafío es complicado y el premier tiene que hacerse pronto al cargo. A diferencia de cuando era presidente de la región Lambayeque, ahora toda declaración suya tiene inmediata repercusión nacional. No le conviene perderse en minucias; está urgido de un discurso y debe usar con iniciativa los espacios de los que dispone por ser nuevo en el cargo y, sobre todo, porque la población quiere señales de cambio. Un importante punto de la agenda del nuevo gabinete es su relación con el Apra, con el partido oficialista, con el que ganó las elecciones del 2006 (esto hay que subrayarlo porque hay quienes lo olvidan). Los roces tienen dos posibles frentes: la bancada parlamentaria oficialista y los funcionarios apristas que ocupan altos cargos en el Ejecutivo. El vínculo con estos dos ámbitos de posibles conflictos obliga al gabinete a mantener un difícil equilibrio. La clave está en privilegiar por qué asuntos dar la pelea, saber en qué ámbitos buscar el apoyo activo del Apra y tener claro cómo, cuándo y por qué vale la pena tocar los puestos de poder que ocupan los apristas en el Ejecutivo. En esta alquimia reside una de las claves de su gestión. Un dato: hasta ahora no queda claro el mandato práctico que el presidente de la República le ha otorgado al premier. Luchar contra la corrupción, reducir la pobreza y consolidar la descentralización son orientaciones muy generales. Parece que el presidente Alan García está 'pagando por ver’, y esto pone en evidencia que el premier tiene que construir su espacio de gestión. El manejo de los conflictos sociales será un importante termómetro de su gestión; y estos conflictos serán persistentes, sobre todo ahora que la caja fiscal se ajustará a los nuevos tiempos. Así las cosas, será decisivo convencer al gabinete, al MEF y al país de que se impone una política económica anticíclica. Más aún, el premier está obligado a ser parte de la batalla en favor de los gobiernos regionales: impedir el recorte de sus ingresos y conseguir que el gobierno nacional en su conjunto los considere instancias claves de gestión gubernamental.