Además:

Deje que su niño fantasee

2009/08/18
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Mamá siempre está molesta. Le pedí que me contara del Hombre-Poder y dijo que mejor habláramos del niño bueno que estudia. Le dije: '¿Adivina qué color tiene su capa? Dijo: 'Verde, y ya deja de preguntar’. '¿Y ya le habían caído las estrellas a su capa?’. Ella se molestó y dijo: '¿Cómo se te ocurre que las estrellas van a caer? Anda a estudiar’”. Mateo, seis años, sin padre y con madre autoritaria. La fantasía es la facultad de imaginarse cosas inexistentes, y es tan importante en los pequeños que tiene que ser defendida. Es condición fundamental del desarrollo normal de la personalidad del niño y necesaria para que se expresen sus posibilidades creadoras. ¿De dónde sale la fantasía de Mateo? De su propia alma y es válvula de escape de su triste existencia. Su madre no sabe el daño que le hace al coartar su fantasía. Cree que el conocimiento es más importante que el desarrollo de las facultades creativas y emocionales. Leonardo da Vinci diseñó una nave espacial después de observar a los pájaros; Julio Verne escribió aventuras de submarinos después de ver a los peces. Kornej Chukovski cuenta que un niño, como venganza frente a una madre enemiga de los cuentos, inventó que a su cuarto habían llegado un elefante rojo con su amiga osa. Al ingresar la madre a verlo, no deja que se siente diciéndole: “¿Acaso no ves que allí está la osa?”. La madre, molesta, se dirige a la cama y él dice: “Mamá, ¿dónde vas? ¡Vas donde los lobos! ¡No ves que aquí están por todas partes!”. Mateo y este niño fantasean para sobrevivir a sus estrictas madres; uno necesita imaginar. El niño lo único que debe hacer es vivir su infancia.