Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
En un país de tantas carencias como el Perú, es normal que los presidentes de los Consejos de Ministros acaben desgastados y chamuscados, casi pidiendo 'chepa’. Pero lo peor que le podría pasar a Yehude Simon es que eso le ocurra de un modo prematuro, incluso antes de presentarse ante el Congreso para exponer su plan de acción. De acuerdo con el artículo 130 de la Constitución, el premier debe concurrir al Congreso, dentro de los 30 días de haber asumido sus funciones, en compañía del resto de ministros, para exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión, así como plantear cuestión de confianza. De acuerdo con lo previsto, el gabinete Simon se presentará ante el Congreso dentro de una semana, el jueves 6 de noviembre. Lo hará en un contexto de recrudecimiento de la convulsión social en las regiones, con los focos más caldeados en el momento actual en Moquegua, Tacna, Cajamarca, Cusco y San Martín. En dichos casos, al igual que en la mayoría de los 177 conflictos sociales identificados en el último reporte que regularmente emite la Defensoría del Pueblo, lo que falta es la capacidad de adelantarse al problema que lo motiva con el fin de evitar la toma de la carretera, la captura del puente, el secuestro del policía, en fin, de todas las expresiones extremas de protesta a las cuales, lamentablemente, nos hemos acostumbrado. Todo forma de violencia debe ser obviamente condenada. Pero eso no puede significar el aval de la parsimonia tradicional del Estado para encarar los problemas que ya se sabe que van a explotar, esa pachocha suprema que solo se suspende cuando la gente revienta. Parte de la respuesta es aplicar la ley con energía para hechos como la toma de una carretera, algo que, aunque muchos no lo crean, es un delito. Pero si no se cuenta con un plan para desactivar bombas a tiempo, las cosas van a salir mal. Al margen de esos errores típicos del proceso de adaptación al cargo, que no tienen mayor importancia, si el premier Simon no tiene una respuesta de fondo a este problema, es probable que demasiado pronto se transforme en el Jorge del Castillo, desgastado y chamuscado, que le entregó la jefatura del gabinete hace menos de un mes.