Además:

“Debemos ser conscientes de lo que nos da la naturaleza”

2008/11/24

Ella es gerente de la Iniciativa para la Conservación y el Desarrollo Sostenible de la Interoceánica Sur, para minimizar los impactos indirectos de la carretera. Heidi Rubio, además, nos cuenta sobre una misteriosa factura por el aire puro que ha estado circulando por Lima.

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"No creo que todas las interacciones del ser humano con la naturaleza sean negativas. También son positivas. Una vez trabajé en la Amazonía colombiana, en un estudio de avifauna en las chacras indígenas. Los indígenas cambian sus áreas de siembra para no agotar el suelo”, explica la bióloga. ¿Y qué encontró? Yo estudié cómo las aves se relacionan con esta regeneración del suelo y encontramos que, en estos bosques que no han sido tocados, la agricultura indígena favorecía la diversidad de aves, porque generaba mayor variedad de insectos. No toda intervención en el bosque es mala. Usted entró en la ecología en los 80, antes de que estuviera de moda. Lo que está de moda ahora es el ecologismo o el ambientalismo, no la ecología, que es una ciencia que existe desde los años 60. En los 70, 80, obviamente los que trabajábamos en esto éramos vistos como hippies raros. Y en Colombia la situación era más extrema, porque muchas veces trabajé con indígenas, y cuando uno trabaja estos asuntos considerando el aspecto social con la gente, uno se veía más raro… Ha trabajado en contextos de violencia. ¿Puso su vida en peligro? Claro. Colombia tiene un contexto de violencia desde los años 50 o 60. Por eso uno tenía que crecer profesionalmente no solo en su especialidad sino también en su responsabilidad. Si uno cometía un error: pum pum. Uno aprende a ser franco y a tener las cosas claras. Siempre teníamos que cargar papeles de las organizaciones para quien trabajábamos. Yo aprendí que ser transparente y no guardar ninguna carta bajo la manga –lo más tonto podía volverse contra uno– era la mejor protección. Cuénteme de algún lugar que le haya impactado. En el Perú: el Purús. Está en Ucayali, en el límite con Madre de Dios. Ahí hay como 50 comunidades indígenas. Fue maravilloso porque hace tiempo no veía a niños tan felices, tan gorditos, y a padres con una relación tan positiva con ellos. Cuando hay variada oferta de fauna y buena cacería –cuando uno tiene resueltas sus necesidades básicas– hay tranquilidad. A mí me habían dicho que estas comunidades eran pobres. Viven de otra manera que nosotros. Es mi interpretación, por supuesto. Pero si uno tiene que caminar 15 horas para conseguir un animalito, su vida es complicada. Igual que en la ciudad, si uno tiene que trabajar 15 horas para conseguir lo mínimo, no tiene tiempo para pensar en nada más. Algunas personas en Puerto Esperanza me dijeron que querían un ramal de la carretera interoceánica cruzando el territorio indígena no contactado “para ayudar a estos indígenas pobrecitos”. El tema de los pobrecitos convence rápidamente a todos. Pero detrás de esto también están las mafias de tráfico ilegal de madera. Entonces, estas cosas requieren de un verdadero análisis de la calidad de vida, el cual no necesariamente tiene que ver con el dinero. Me decía que trabaja en la Iniciativa para la Conservación y el Desarrollo Sostenible de la Interoceánica Sur. ¿Dónde están trabajando? Estamos en Cusco, en Quispicanchis, donde empieza la selva. Apoyamos a los residentes de la zona que trabajan en turismo, crianza de alpacas, cuyes, artesanía y otros sistemas productivos acordes con el ecosistema y con los valores culturales, como la castaña, que, precisamente, requiere un bosque sano para ser productiva. Allá no solo hay tala ilegal, también hay minería informal, autoridades corruptas, explotación infantil… ¿Es posible avanzar así? Uno tiene dos opciones en la vida: trompearse contra todo y frustrarse o tratar de hacer algo sin trompearse con todos. Uno no debe perder el espíritu de cambiar el mundo. Pero ¿cómo? Yo busco las rendijas por las que puedo entrar y hacer palanca. Pienso que los grupos organizados y fortalecidos de la sociedad civil son una buena rendija. Está circulando una especie de factura por el aire puro. ¿Sabe de esto? Yo seguí esta campaña hasta hace poco. Surgió del colectivo de ONG Áreas Naturales Protegidas e Hidrocarburos. Se pretende sensibilizar a la gente ante lo que nos da la naturaleza, que sean conscientes de lo que costaría todo esto que damos por hecho y lo que nos pueden dar las áreas naturales. Hay que considerar que los recursos para las áreas naturales siempre son escasos. Nunca hay suficientes guardabosques. Si me preguntaran, yo pagaría por eso. Y creo que mucha gente lo haría.