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Debates y convenciones

2008/10/07
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la grave crisis financiera de Estados Unidos hace que los actuales debates presidenciales originen mayor interés, pero merma la trascendencia de sus ofertas electorales ante la total incertidumbre sobre lo que ocurrirá y de cuánto dinero dispondrá el próximo mandatario para cumplir con sus promesas. En American Vértigo, el filósofo Bernard-Henri Lévy (BHL) nos ofrece una perspectiva interesante sobre los debates presidenciales en EE.UU., que es bueno tomar en cuenta dada la complejidad de una sociedad como la norteamericana, plena en microuniversos culturales y étnicos. BHL cita a un asesor de Kerry, el derrotado candidato demócrata de las elecciones de 2004. “¡Este debate no tenía ninguna importancia! ¡Ninguna! La tiene para ustedes (europeos), aficionados a esas misas solemnes, puntos fuertes de sus campañas; la tiene para la CNN, que gana dinero con estos espectáculos, pero la realidad de la batalla no se va a jugar aquí; se va a jugar condado a condado, ciudad a ciudad, en las cuestiones que preocupan no al país, sino a los famosos estados oscilantes”. “¿Sabe qué pasa si uno es bueno? Que es lírico, que se deja llevar, que suelta palabras cuya trayectoria futura ya no controla, y que corre el riesgo, para complacer a las élites de las costas este y oeste (que de todos modos, pertenecen a los demócratas) o a los campesinos de Wisconsin (captados, de todos modos, por los republicanos), de decir algo cuando vaya a buscar, hecho polvo, los mil votos que le falten en Virginia o en Luisiana”. BHL concluye: “¿Cómo hablarles a los espíritus religiosos de Carolina sin apartarse de los laicos de Minnesota? ¿Cómo ganarse a los 5 mil cubanos, que pueden cambiarlo todo en Florida, sin que Iowa, un estado blanco en el 90%, dé la sensación de estarse doblegando ante los hispanos?”. Los debates en EE.UU. son más una convención (protocolo) que la misma convención (asamblea) que realizan los partidos.