Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Ahora que el Amazon Kindle se ve como objeto sagrado en algunas tiendas limeñas, cuesta pensar que hace solo 25 años, todavía algunos de nosotros escribíamos los trabajos en las prehistóricas máquinas de escribir. En esa época un amigo me habló de la llegada de un extraordinario aparato –el fax–, que imprimía textos escritos a la distancia. Sin embargo, su imperio duró poco con la aparición del correo electrónico. Y hoy también este ha quedado desfasado con el Facebook y el Twitter. Los mensajes de estos últimos reflejan las características de la cultura reinante: la pérdida de la privacidad, el reino del detalle irrelevante, y sobre todo, el solipsismo. Porque cualquiera encontrará allí textos del tipo “estoy en la peluquería” y “no encuentro mi llave”. Me dicen que en el Facebook hay opciones que informan sobre compromisos y separaciones de parejas. Y es el mismo patrón que se ven en muchos artículos y columnas y en la 'farandulización’ de los medios, que destacan cualquier tema privado, propio o ajeno. El imperio de lo intrascendente que con frecuencia nos gobierna es una muestra de lo que somos, o de lo que hemos llegado a ser.