Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Escribo sobre este tema sin ser experto en la materia; simplemente lo hago porque, como muchos, estoy harto de que en nuestro país, en el siglo XXI y con una economía próspera que quiere modernizarse, sigamos teniendo todos los días un nuevo accidente de vehículos de transporte público en las carreteras que causan muertes o lesiones graves a miles de desprotegidos usuarios. A falta de conocimientos técnicos sobre el tema, recurro a lo que he aprendido por el hábito de observar, por haber viajado bastante y por un poco de sentido común; ello permite apreciar las causas del problema a quien quiera verlo y hacer algo para resolverlo. La principal causa de los accidentes de los vehículos de transporte público no es la antigüedad de la flota o lo difícil de nuestras carreteras por la accidentada geografía. El problema es esencialmente humano, y tiene que ver con la organización precaria de la mayoría de empresas de transporte, con la falta de capacidad y responsabilidad de la mayoría de choferes, con la pasividad o corrupción de muchas de las autoridades encargadas de controlar y sancionar su accionar. En nuestro país hay miles de ómnibus y un sinnúmero de empresas de transporte; muchas actúan con total informalidad y la competencia origina una carrera de precios donde, para bajarlos y sobrevivir, se sacrifica la seguridad del servicio, el estado del vehículo y la calidad del personal. Tenemos todo tipo de costos y calidades, los menores para que puedan pagarlos los más pobres. Pero los accidentes tampoco escapan a empresas formales. Muchos transportistas tienen un verdadero e impune prontuario de infracciones. Si se cumplieran estándares mínimos, la mayoría de estas empresas estarían impedidas de seguir operando. Es inaudito que los choferes no sean verdaderos profesionales del oficio, adecuadamente calificados y remunerados. Que la mayoría de desempleados opte por manejar una combi, un microbús, mototaxi o taxi; y ya sabemos cómo manejan, por falta de educación, responsabilidad y cerebro. Si gente así conduce un bus en la carretera, donde el riesgo y la velocidad aumentan, el desenlace fatal es previsible. No puede ser que muchos choferes cobren por viaje, pues ello los hace excederse en el número de trayectos para ganar más. No puede ser que manejen a la velocidad que lo hacen. No puede ser que carreteras tan transitadas, como la Panamericana Norte y Sur o la Carretera Central, sigan teniendo, en la mayoría de su recorrido, vías sin separación y de solo un carril por lado, donde quien sobrepasa un vehículo tiene necesariamente que ocupar la vía opuesta.