Además:

Las cuentas claras y el chocolate espeso

2009/05/25
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Es una verdadera lástima que el líder del Partido Nacionalista haya vuelto a dejar pasar –en la extensa entrevista que publicáramos ayer– otra brillante oportunidad para aclarar todas las dudas e interrogantes que aún existen respecto a los ingresos y cuentas bancarias de su entorno. Incluso, al final de la entrevista, queda la sensación de que para el señor Humala no parece existir una clara división entre el manejo de las cuentas familiares y las partidarias. Asimismo, tampoco se ha aclarado en qué consistía la relación laboral de su esposa con un diario de propiedad de empresarios 'chavistas’, y con una empresa arequipeña de seguridad. Esto último es fundamental ya que al ser abultados los honorarios que aparentemente le habrían pagado, tendrían necesariamente que existir términos de referencia muy precisos que los justifiquen. Por otro lado, tampoco se ha explicado el motivo por el cual a su esposa le pagaban sus honorarios profesionales en efectivo, ni la razón que justifique por qué deben ser sus familiares quienes estén en todos los cargos directivos relacionados al manejo de recursos partidarios. Consideramos que un aspirante a la Presidencia debería aclarar estas y otras interrogantes antes de lanzar una propuesta electoral a la ciudadanía. Caso contrario, persistirá en el electorado la impresión de que existen 'pagarés’ firmados a empresarios que esperan la oportunidad de ser cobrados, y de que hay interferencia extranjera en nuestros asuntos internos, por los recursos que le han transferido allegados a gobiernos de otros países. Lamentablemente, parece que tendremos que esperar a que concluya la investigación que está llevando a cabo la Unidad de Inteligencia Financiera para poder aclarar todas las interrogantes. Es gracias a la labor de la prensa que se ha logrado detectar extraños ingresos o patrimonios injustificados de políticos, y de esa manera se ha contrarrestado la falta de transparencia. Sin embargo, cada destape va hundiendo aún más en el desprestigio a la clase política, la cual –para la gran mayoría de peruanos– es sinónimo de deshonestidad. Por ello, creo que hay que tomar al toro por las astas y establecer estrictas obligaciones que aseguren total transparencia en todos aquellos que aspiran a liderarnos.