Además:

¡Cuánta rata, cuánta cutra!

2008/10/13

El panetón de la corrupción debe ser una prioridad.

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Es un anuncio correcto el de Yehude Simon, antes de recibir el premierato, de que la lucha contra la corrupción será su prioridad. Le ha declarado, incluso, la “guerra a muerte”. Es lo menos que se podía esperar de alguien que le debe su llegada al poder a las acusaciones de corrupción que derribaron al gabinete anterior. Pero más que declaraciones de entusiasmo, lo que se necesita en este terreno espinoso son planes articulados. De lo contrario, las cosas quedarán como quedaron con la ONA. O sea, en nada. Sin dichas estrategias, poco se podrá avanzar. Pero también será fundamental la voluntad política del más alto nivel para no titubear cuando se detecte a “ratas, ratones e insectos”, especialmente si son cercanos al régimen y, además, cuando estos especímenes lanzan amenazas desde la prisión. Porque es evidente que cuando Alberto Quimper dice que “García no debió llamarme rata”, algo le está diciendo al gobierno. Y la demora excesiva en capturar a Rómulo León Alegría da que pensar. Las cosas en este terreno no vienen bien para el régimen, especialmente si una pregunta sigue rondando sin una respuesta consistente: ¿quién metió a Fortunato Canáan en Palacio de Gobierno? ¿O es que aquí nadie sabe Nava? Además, estamos con la guardia baja si tanta gente distinguida firma cartas de reconocimiento y solidaridad, sin preguntarse qué diablos hacía un premier en la suite de un empresario dominicano. Ladrones hay en todos los partidos y en todos los tiempos. Por ello, son absurdas esas discusiones –como las que suelen ocupar los debates parlamentarios– sobre en qué gobierno se robó más. Si las condiciones existen, en cualquier administración –incluso en la privada– se van a 'chorear’ el dinero. La lucha contra la corrupción no fue un tema relevante en la última campaña electoral. Ni los candidatos ofrecieron planes en la materia, ni los periodistas se los exigimos con la insistencia que este mal lo requiere. Por ello, lo que se debe hacer es lanzar un verdadero 'shock’ anticorrupción que haga que las condiciones para robarle al erario sean más difíciles en relación con lo que ocurre ahora. Y que, cuando esto se detecta, la sanción sea rigurosa y oportuna. Caiga quien caiga.