Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
La emigración de una gran parte de su población –a mediados del siglo XIX, a causa de la Gran Hambruna de la Papa– marcó a Irlanda como un país con más personas viviendo en el exterior que los que habitaban en la isla. Fue una de los primeras naciones globalizadas a la fuerza debido a un desastroso hongo que destruyó la cosecha del tubérculo, que era el principal alimento del país. En nuestro caso, también sufrimos de dos décadas de brutales desastres que fueron causados por hongos y bacterias, aunque de otro tipo. Las infecciones sociales que se generaron en ese período empujaron a la décima parte de los peruanos a tener que huir al extranjero. El flujo migratorio, que se inició a fines de los setenta y que ha continuado hasta la fecha, se debió inicialmente al deterioro social causado por Velasco, que luego fue apuntalado tanto por Sendero Luminoso como por García 'el malo’. Todos ellos forzaron al exilio a más de una generación de peruanos. Por otro lado, si bien el subempleo en el Perú sigue siendo alto, la mala calidad de la educación pública hace que la gran mayoría de los que no tienen empleo adecuado no estén suficientemente capacitados. Por tanto, no nos podemos dar el lujo de seguir perdiendo a nuestros mejores cuadros, quienes se ven obligados a emigrar para poder prosperar. Por ello, es muy alentador que en la última encuesta del INEI casi la mitad de los jóvenes, entre 15 y 29 años, se quiera quedar a vivir en el Perú. Como referencia, en un anterior sondeo realizado por esa misma institución, hace 5 años, el 86% de los jóvenes tenía la intención de abandonar el país. Evidentemente, el crecimiento económico y la incipiente modernización de nuestra sociedad están empezando a crear un horizonte de oportunidad para los jóvenes, quienes también se muestran más independientes y emprendedores que sus padres. La cuarta parte de ellos espera llegar a tener su empresa para ser su propio jefe. Así que lo que le corresponde hacer al Gobierno es asegurarse de que esa ventana de optimismo que se ha abierto en la juventud se consolide y que la emigración como alternativa de vida se convierta en una excepción y ya no en la regla, como ha sido en las últimas tres décadas. Para lograrlo es fundamental recobrar la ambición en el dinamismo económico. Es mediocre sentir satisfacción por haber sido el país con el crecimiento menos bajo. Asimismo, se debe eliminar obstáculos a la creación de empresas, a la contratación de trabajadores, a la capacitación laboral, facilitar la inversión en la educación, entre muchos otros temas que son fundamentales para los jóvenes y que deberían estar en la agenda gubernamental, pero sobre los cuales nadie parece estar interesado. Más aun, todavía estamos perdiendo a la mitad de nuestro talento, por lo que no podemos sentirnos satisfechos. Incluso otro año decepcionante como fue el 2009 y, sin duda, regresará la tendencia mayoritaria a la emigración, así que no podemos desperdiciar la mejor oportunidad que hemos tenido como país en treinta años para parar el drenaje y dejar de perder a nuestro mejor capital humano.