Sábado 26 de mayo del 2012 | 19°
"No hagas tus preguntas en el desierto/ busca las respuestas en el mar", escribe José Tola en la dedicatoria del catálogo que me regala. Su caligrafía es difícil de leer y, aunque la dedicatoria me gusta, por un momento leí MAL y no MAR. La verdad, hubiera preferido buscar las respuestas en el MAL. Después de todo, quien las daba era José Tola, un hombre que, como me dijo hace algunos años, ha estado en el infierno. ¿Por qué no pinta mirando el mar? (el estudio de Tola está en una casa con una preciosa vista al Pacífico). Porque no es atracción para mí. A mí me interesa estar encerrado (como fondo de esta charla suena Bob Dylan). ¿Lo distrae? Me es indiferente. ¿Por qué vive frente al mar? Por mi mujer y mi hijo, a quienes les gusta el mar (ríe). Hace concesiones por amor... No es una concesión, es dar un gusto. Hay preferencias que no tienen un valor negativo para mí. Complacer a alguien, en este caso, no es un sacrificio. Total, yo estoy con la puerta cerrada. Su estudio es oscuro, pero su pintura es puro color. ¿Pinta por contraste? (Ríe). Me interesa el color, pero prefiero la luz eléctrica que la solar porque es mucho más estable. Además, trabajo de noche. Yo pintaba después de salir del colegio, después de salir de la Escuela de Bellas Artes (de San Fernando, en Madrid, donde estudió), y así se me formó el hábito. ¿Es disciplinado? Sí, en el sentido de que empiezo una cosa y no la dejo hasta que la termino. Yo no pinto 'tantas horas por día’. Yo pinto desde que empiezo hasta que ya no doy más (risas). ¿Sigue escribiendo? Sí, pero entre cuadro y cuadro. ¿Escribe para liberarse o son otros demonios los que se expresan allí? Escribo porque hay imágenes que no se pueden representar en un cuadro. ¿Piensa en imágenes? Más o menos. Veo mucho las cosas. He llegado a un punto en que, por ejemplo, al mirar a otra persona siento que somos dos razas distintas: la mía y la ajena, que acoge a todos los demás seres humanos. Mis seres son de otra especie, y prefiero estar más con ellos. Dígame, ¿por qué prefiere estar con sus 'seres’? En ellos encuentro más comunicación. Me identifico más con ellos porque están llenos de cosas mías. ¿No lo atosiga estar tanto con usted? No, no. Yo no pinto la realidad. Yo pinto mi mundo interior. ¿Cuán amplio es un mundo interior? He vivido continuamente. Toda mi vida ha estado dedicada a autocuestionarme, a plantearme cosas, a tener experiencias, a vivir. Y, después de un tiempo, la voy analizando desde diferentes puntos de vista. Con el tiempo pierden su contenido y se vuelven imágenes que puedo representar mejor. Lleva más de 40 años en su oficio. ¿Tan grande es su mundo interior? Es algo que no acaba. Cuando termino un cuadro, doy dos pasos atrás, lo miro y me maravillo. “De dónde mierda sale todo esto”. Yo mismo me sorprendo y me pregunto “cómo lo le hecho”. Son los monstruos de Tola… Yo no los veo como monstruos; son mi mundo, son mi raza. Los monstruos son ustedes; nosotros somos la parte bella del asunto (risas). ¿Sale a la calle? Cuando es obligatorio (risas). ¿Ha puesto en riesgo su vida por el arte, por su trabajo? Por usar materiales de PVC tuve un enfisema pulmonar. Dentro de la casa había una nube de hollín, era bien jodido vivir así, pero tenía necesidad de hacer mis cosas. El riesgo no importaba; no era un sacrificio, era vivir. ¿Ha usado drogas? Sí, cocaína, pero no para 'crear’ imágenes, sino porque la cocaína me permitía trabajar 72 horas seguidas.