Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Cuando a las 10 y 30 de la mañana del miércoles 13 la Comisión Permanente del Congreso logró, por fin, designar al nuevo contralor general, no todo era sonrisas en la bancada aprista. Entre bambalinas, algunos 'compañeros’ no hicieron nada por disimular su disconformidad con la elección de Fuad Khoury, que –valgan verdades– si se concretó no fue precisamente por las apáticas gestiones del oficialismo sino, más bien, por la presión de Unidad Nacional, que –al advertir el doble juego de un sector del Apra– amenazó con ponerse al margen del proceso, y por los votos fujimoristas. Públicamente, solo José Carrasco Távara desafió la disciplina partidaria expresando sus reparos a la nominación presidencial de Khoury. Pero no era el único. Otros prefirieron manifestar sus discrepancias internamente, como el presidente del Congreso, Javier Velásquez Quesquén, quien apostaba por Julio Gutiérrez Pebe, vinculado al partido de gobierno, y cuya postulación perdió piso cuando este diario dio cuenta de sus antecedentes judiciales y de sus calificaciones negativas registradas por la Superintendencia de Banca y Seguros. Se entiende ahora por qué, sin que nadie se lo pidiera, planteó la formación de una comisión evaluadora en la que estaba cantado que Khoury habría corrido el mismo destino de Edmundo Beteta: el baloteo. “El Apra no da puntada sin hilo”, se ha escuchado decir más de una vez en los pasillos del Legislativo. “Carrasco no se manda solo”, confió días atrás un parlamentario aprista. Y es cierto. Hay que recordar que también fue él quien, en 2007, boicoteó una y otra vez, con su ausencia, las sesiones de la Subcomisión de Acusaciones Constituciones, donde debía verse el caso de Tula Benites por contratar a un empleado 'fantasma’. Entonces nadie dijo nada. En esta ocasión, tampoco. Solo lo desalojaron de la sala para evitar el bochorno público de su abstención en la votación. Superado el impasse, queda ahora estar atentos al apoyo que le dará el Gobierno, en particular el Apra, al nuevo contralor.