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Crónica parlamentaria: Menos palabras, más productividad

2009/04/25
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Si hay algo que destacar de las últimas sesiones plenarias del Congreso, es la habilidad que tienen numerosos parlamentarios para extenderse innecesariamente en debates anodinos y estériles sobre temas irrelevantes, a sabiendas –eso es lo peor– de que hay otros asuntos en agenda que reclaman su inmediata atención. Cuando miles de trabajadores están pendientes del proyecto de ley que exonera de aportes y de contribuciones a las gratificaciones; cuando otros tantos esperan que se consagre la libre disponibilidad de la Compensación por Tiempo de Servicios de mayo y noviembre de este año; cuando cientos de guías de turistas aguardan –con toma de puertos y bloqueo de pistas y vías férreas– el desenlace del pedido de reconsideración de la votación de la Ley General de Turismo que, dicen, 'liberaliza’ su profesión, el Parlamento prefiere perder varias horas en la discusión de temas insustanciales. Un ejemplo de ello lo tuvimos el último jueves, cuando la representación nacional se dedicó, durante más de una hora, a desagraviar a una legisladora cuya imagen había sido objeto de mofa por un diario local. La indignación congresal es válida. Pero, salvo las expresiones de rechazo de la agraviada y el respaldo de las bancadas, a través de sus voceros, ¿era necesario extenderse tanto en el tema, cuando había nada menos que 37 dictámenes en agenda? Como si eso no fuera suficiente, el segundo punto de discusión fue el proyecto que plantea la creación de una junta intergubernamental para impulsar el desarrollo del Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), el cual llegó al Pleno, por acuerdo de la Junta de Portavoces, sin el análisis previo de la comisión correspondiente debido, quizá, al interés del Legislativo de proyectar la imagen de una institución de reflejos rápidos frente a los últimos ataques terroristas. Craso error. Apenas iniciado el debate, no hubo parlamentario que no objetara la propuesta y reclamara su perfeccionamiento en el grupo de Descentralización. Lo hicieron Juana Huancahuari, Rolando Sousa, Aldo Estrada, Juan Carlos Eguren, José Urquizo, Javier Bedoya, y siguen nombres. No hubo, sin embargo, argumento ni cuestión previa que hiciera desistir a Álvaro Gutiérrez de continuar el debate, pese a que no se necesitaba ser pitoniso para saber que, al final, la iniciativa iría a comisión. Cuando eso ocurrió, ya había transcurrido otra hora y media de improductividad. Pero Gutiérrez no se dio por vencido. Puso en debate otros proyectos, pero ninguno pudo ser votado pues, para cuando los relojes marcaban la 1 y 50 de la tarde, solo había 8, sí, 8 legisladores presentes además de Gutiérrez: Isaac Serna, Juan Carlos Eguren, Carlos Torres, Rafael Vásquez, Yonhy Lescano, Édgar Núñez y Luis Negreiros. Recién entonces hizo su reaparición triunfal el presidente del Congreso, Javier Velásquez, quien en los días de Pleno –no es novedad– pasa más tiempo fuera que dentro del hemiciclo, lo que le ha generado críticas en su propia bancada. Finalmente, la sesión se suspendió. ¿Es así como el Parlamento espera revertir su alto nivel de desaprobación?