Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Que el Fondo Monetario Internacional (FMI) haga una autocrítica es ya un motivo para celebrar. Siempre, en su caso, llegan tarde, pero al menos demuestra que su autismo no es aún total y que le quedan algunos reflejos que, seguramente instigados por la necesidad de supervivencia, demuestran que eventualmente podrían servir para algo más que ser simples instrumentos de los intereses de las naciones industrializadas y de las grandes corporaciones multinacionales. El FMI acaba de hacer un 'mea culpa’ por no haber visto la crisis que se avecinaba sobre Estados Unidos y Europa. Aseguró haber estado cegado con lo que pasaba en los países en desarrollo La justificación, además de inaceptable, es tan infantil como absurda. Que los burócratas mejor pagados del sistema de Naciones Unidas no puedan sintonizar otras variables de la realidad, que la que es teóricamente motivo de su preocupación inmediata, los descalifica para seguir cumpliendo la función de supervisores y orientadores del sistema financiero internacional. Es más o menos como si a los encargados de Defensa Civil obsesionados por los tornados se les pasara la ocurrencia de un terremoto. Algo así como “nosotros estamos aquí para supervisar a los países emergentes y lo que ocurra en las naciones desarrolladas no es nuestro tema”. Como si lo que ocurre y deciden las naciones desarrolladas (económica pero no mentalmente) fuera ajeno en sus efectos a lo que ocurre en los países pobres. La expresión del FMI es una prueba de cretinismo propia de quienes, durante años, han dado respuestas mecánicas y calcadas a cada una de las crisis que se originaron en los países emergentes. El documento del FMI con el 'mea culpa’ será analizado por el G-20 en su cumbre del 2 de abril en Londres. La base del 'mea culpa’ es no haber detectado el peligro de que el hundimiento de los precios inmobiliarios en Estados Unidos podría destapar una montaña levantada sobre miles de préstamos de mala calidad. Según el Consejo Ejecutivo del FMI, compuesto por 185 países, una de las fallas que permitieron que se gestara la crisis fue la falta de avisos del FMI y de otras fuentes sobre las manzanas podridas ocultas en los sistemas financieros de los países desarrollados. Digamos que esto es retórica pura y bastante barata habida cuenta que los países desarrollados, encabezados por EE.UU., nunca han tenido la mínima consideración por las orientaciones del FMI. Ahora, dice el Fondo, después de más de cincuenta años de funcionamiento, vigilaremos “todo tipo de riesgos al sistema (financiero), igual en países avanzados que en los mercados emergentes”. Una declaración semejante en un mundo globalizado e interdependiente no resiste el mínimo análisis. Es un insulto a la inteligencia y una prueba clamorosa de un accionar destinados sustancialmente a lograr que los países emergentes paguen sus deudas aunque el precio final sea la ingobernabilidad y la rebelión popular... como ocurrió más de una vez.