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Consumo cuidado

2009/10/23
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Aunque usted no lo crea, este es un caso de la vida real: unos amigos contrataron el servicio de Cable Mágico para su casa de playa. Llegaron los técnicos, instalaron el cable y de paso, zas, les quemaron el televisor. Parece que uno de los trabajadores se atarantó y enchufó el aparato sin el transformador respectivo y lo dejó absolutamente inservible. Muy preocupados, los técnicos se llevaron el televisor y prometieron traerlo a la brevedad posible en perfectas condiciones. El verano pasó, mis amigos nunca vieron su televisor de vuelta, tampoco pudieron disfrutar del cable en la playa, pero eso sí, la empresa les mandó puntualmente los recibos para cobrar el inexistente servicio. Mis amigos son dos profesionales ocupados, que crían tres niños, y como muchos de ustedes, no tienen tiempo para perderlo en largas colas de oficinas de reclamos. Tres veces presentaron su queja por teléfono y en las tres tuvieron que contar toditita la historia de nuevo porque la empresa nunca encontraba rastro de la queja anterior. Finalmente, hartos de las llamadas de cobranzas, y preocupados porque ya figuraban en Infocorp, pagaron más de 300 soles por un cable que nunca vieron y, por si fuera poco, jamás les devolvieron su televisor. Historias como esta hay miles en nuestro país. Y no se trata de mitos urbanos ni de bolas inventadas por la competencia. Son dramas reales de consumidores de carne y hueso que, como usted o como yo, se han sentido absolutamente desprotegidos cuando han tenido que realizar un reclamo. Pareciera que muchas empresas no entienden que el que compra y el que reclama son el mismo cliente al que hay que dejar satisfecho y, por eso, en lugar de mostrarle la misma cara amable en ambos casos, lo tratan como rey cuando compra y como basura cuando quiere hacer valer un derecho. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué ese seguro médico que usted paga diligentemente lo obliga a recoger un papelito de atención en el quinto infierno cada vez que necesita que lo atiendan? ¿O por qué los trámites de devolución de Saga y de Ripley siempre son tortuosos? ¿O por qué es tan difícil hacer valer la garantía de un artefacto eléctrico? Desgraciadamente, en el Perú todavía somos víctimas de un sistema que no nos ofrece herramientas eficientes para hacernos respetar como consumidores. Por eso, la discusión que se ha iniciado sobre el anteproyecto del nuevo Código del Consumidor es valiosa pues permite dejar en claro que, en una economía de mercado, ambas partes, el que vende y el que compra, deben ser igualmente poderosos. Seguramente que el mencionado código es perfectible y que hay aspectos que corregir, pero vamos a ver si, esta vez, nuestros empresarios se dejan de tanta pataleta, se unen al debate de manera seria y reconocen que, en una sociedad equilibrada y moderna, ellos no siempre pueden tener la sartén por el mango.