Domingo 27 de mayo del 2012 | 23°
Vivimos momentos difíciles: protestas violentas, demandas radicales, amenazas de paros y huelgas indefinidas y, como telón de fondo, desconfianza, falta de credibilidad y ausencia de canales permanentes y eficaces de diálogo y concertación para la solución de los conflictos; la explosión de las protestas no es el mejor momento para encontrar acuerdos y entendimientos por parte del Gobierno y de las organizaciones sociales. Hay quienes demandan ante estos desbordes y desmanes de la protesta popular, soluciones autoritarias y rígidas; pretenden la unanimidad cuando ya vivimos en la pluralidad y en el uso independiente de la razón. Creo que es necesario hacer un llamado a construir una nueva cultura política fundada en la razón y la tolerancia por arriba de los conflictos que hoy nos dividen y lastiman el alma de la nación. En este sentido, apelamos a renovar nuestra educación ciudadana en función de las transformaciones que experimenta el país. La diferencia principal entre un Gobierno autoritario y uno democrático se percibe en las actitudes. Ante los disidentes o inconformes, el primero los anula o intenta reducirlos a sus categorías; el segundo procura comprenderlos, reconocer sus razones y construir algo nuevo a partir de lo valioso que hay en ambas partes; una actitud abierta en ambos lados implica llegar a la negociación con la disposición de cambiar la propia opinión y la propia agenda y de aceptar posibles soluciones no imaginadas antes, si son mejores para el país. Para la parte gubernamental esto supone suplantar el esquema maniqueo de que el Gobierno es “el bueno” y los rebeldes “los malos”, y por la otra parte que incluya a todos iguales en cuanto peruanos, bajo principios ordenadores de una convivencia justa. Confiamos que en estas semanas veamos avances en la solución de los conflictos pendientes, en el logro gradual de esa “nueva cultura democrática” que hoy exige la Nación, la que, por una parte, pide a los ciudadanos reconocer la complejidad de gobernar y, por otra, requiere que el Gobierno acepte convivir con las diferencias y utilice medios democráticos para alcanzar consensos. Solo así se podrá, en estas circunstancias difíciles, preservar la unidad y conducir la transformación de la sociedad que todos deseamos.