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Los conflictos de Ariel Bracamonte

2009/10/13
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“sentado en la vieja casa familiar, frente a la imagen de la madre muerta... Dice la Madre: -No llores, yo estoy bien. Dice el Hijo: -No lloro por ti, lloro por mí, porque ya no estás para pensarme”. Pirandello. Ariel ha declarado su homosexualidad, que su madre era todo para él, que no había padre cercano y que adoraba a su hermana. También, sus sospechas de que Eva tiene mucho que ver con la muerte de su madre. El inconsciente no tiene tiempo; allí está lo vivido. Mi hipótesis es que en el alma de Ariel está presente, aunque oculto porque quizás hoy no lo siente, el amor profundo sentido por la hermana. También su odio, entendible por la sospecha de que Eva no es ajena a la eliminación de una madre que era todo para él... Quizás no es consciente de que su duelo es doble: por la madre y por la hermana amada, más aún si desde el asesinato ha mostrado aspectos de su persona desconocidos para él. Que no comprende que Eva quizás escapó del conflicto que vivía –entre su necesidad de libertad absoluta y la presión de su madre de “sacarla del camino equivocado”– regresionando a etapas infantiles. Que, siendo la regresión un retorno a etapas anteriores de desarrollo, es posible que en ese estado haya idealizado a Liliana como la madre buena, asegurándose después –inconscientemente– compañía por siempre a su soledad, con la entrega del 50% de su patrimonio. Que tenía que ser expulsado de la casa materna por ser su presencia amenazante para la idealización que había hecho de Liliana y para la misma psique de Eva. El desarrollo emocional de Ariel tendrá que pasar por comprender que en una familia no existe “el trastornado” o “el criminal”. Todos sus miembros tienen la enfermedad, aunque uno solo –el más débil– es el que la desarrolla.