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¿Cómo se deben de haber reído?

2008/10/10
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¡Cómo se deben de haber reído con los escandaletes del Congreso León, Quimper y los otros protagonistas de este escándalo! Las carcajadas deben de haber ido in crescendo cuando Elsa, Tula y Margarita se robaban los sueldos de sus empleados para engordar el suyo; o cuando Anaya falsificaba facturas en pollerías para apropiarse de gastos operativos; o cuando a los parlamentarios se los llevaban a la bella Italia para que no interpelaran a un ministro, sin que siquiera preguntaran quién pagaba el pasaje. Deben de haberse ahogado de la risa cuando los congresistas se exponían al repudio nacional aumentándose el sueldo. Mientras todo esto nos distraía, esta gente se llevaba la plata en carretilla. Por supuesto que ello no aminora la responsabilidad de los congresistas. Si cabe, la agrava. Cuánto necesitaríamos ahora tener un Congreso con legitimidad y prestigio para hacer creíble el control político y la fiscalización. A estas alturas, un cambio de gabinete (obviamente por uno que brille por su solvencia, independencia y honestidad) parece la única opción viable. Mirko Lauer sugiere cautela, que esa alternativa podría terminar como el paquete de Bush para salvar Wall Street. Podría ser, pero, siguiendo el símil, cuánto mayor no habría sido la magnitud del huracán que hoy arrasa el mundo si los congresistas norteamericanos no lo hubieran aprobado. Hay preocupación por que se genere con esta crisis un problema de gobernabilidad. Claro que hay ese riesgo y, adicionalmente, que esto convenza a muchos de que todo está podrido y que ello alimente radicalismos extremistas de cualquier signo. Pero no hay que perder la perspectiva de las cosas. Los responsables no son los que descubrieron el asunto, sino los que les dieron poder y acceso a personajes con prontuario largo y conocido. También los que sabían que cosas turbias se cocinaban y miraron al costado. Ojalá que ahora actúen con la responsabilidad que no tuvieron en su momento. ESCÁNDALO DENTRO DEL ESCÁNDALO León Alegría no es habido, dice el director general de la PNP. ¿Así de fácil? ¿No era acaso ya obvio, desde la noche del domingo, que las ratas –expresión presidencial– huirían del barco y debían ser vigiladas al milímetro? De no hallarse pronto el desagüe en el que se esconde, la cosa sería muy grave. ¿Una monumental incompetencia de la Policía en un caso importantísimo? De ser así, el director general de la PNP debe una explicación. ¿Un ministro del Interior aprista que mira al costado mientras el ex ministro aprista se fuga? Estaríamos ante la cereza de la torta de la 'gestión’ de Alva Castro.