Además:

Las codas de Canaán

2008/11/09

Balance (todavía muy preliminar) del 'Petrogate’.

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Cinco domingos después de destapado el 'Petrogate’, esta denuncia periodística ha logrado detener, al ponerla en el foco ciudadano, a una red mafiosa que pretendía aceitar negocios corruptos en muchas oficinas públicas con el fin de servir al interés oscuro de Fortunato Canaán. Cada día que pasa se comprueba que este pirata del Caribe se reunió con tutilimundi en el Gobierno en los catorce viajes que hizo al Perú. No todos sus contertulios eran cómplices, pues varios fueron sorprendidos. Pero más sorprendidos quedamos todos por la facilidad con que le abrían las puertas. Por ello, todavía hay mucho por conocer. Por ejemplo, la lista completa de funcionarios con los que se reunió Canaán –por transparencia, varios debieran empezar a acordarse de las citas antes de que la prensa les dé su 'memorex’–, quién le dijo a este que Rómulo León era un buen cicerone para hacer negocios con el gobierno aprista, o por qué Jorge del Castillo se reunió con el dominicano más veces que con varios presidentes regionales. Pero lo revelado hasta el momento ha sido suficiente para detener el ambicioso proyecto de esta red mafiosa que confundió al Perú con un burdel caribeño. Esto ha sido posible por una denuncia periodística, no porque las autoridades hayan identificado que algo raro podía estar pasando cuando Rómulo León se paseaba por todo el Gobierno como Pedro por su casa, sin que nadie dijera nada. Asimismo, la información revelada por este diario –al igual que la mayoría del resto de medios que se ocuparon del asunto– ha sido consistente con la realidad y reconocida por los propios involucrados. Lo que no hemos podido comprobar, no se ha publicado. Por tanto, un primer efecto de la denuncia fue detener a esta red mafiosa. El segundo no es menos importante y ha sido alertar al Gobierno de su vulnerabilidad al ataque de piratas, lo que ha producido atención por la transparencia de las agendas gubernamentales, y la gestión de intereses. Al menos, en el nivel más alto, pues el presidente Alan García y el premier Yehude Simon sí parecen haberse comprado este pleito. Hay que ayudarlos –y hasta presionarlos– para que no bajen la guardia ni tiren la esponja.