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¡Cha cha Chan Chan!

2010/01/10
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Sucede todos los años. Sucede desde que se inventaron los viajes de promoción. No existe sitio arqueológico en esta hermosa tierra del sol que no lleve las inscripciones de “Promo tal año, colegio tal”, acompañadas de los nombres de los integrantes, corazones, 4ever, XD y demás lemas de moda. Y ojalá fueran sólo los escolares: las líneas de Nazca están atravesadas por cientos de rastros de vehículos indolentes; los publicistas de una cerveza rompieron parte del Intihuatana de Machu Picchu, y ya mejor no hablemos de nuestro querido Gobierno (busquen en Google el proyecto de ley 3464 del año pasado).   ¿Cómo es que los vándalos de Chan Chan causaron una ola de indignación que no generó ninguno de los ejemplos anteriores?  Todo empezó en noviembre, cuando un grupo de escolares del colegio limeño Gran Mariscal Toribio de Luzuriaga visitó el circuito turístico de Chan Chan. En la Huaca El Dragón tuvieron la genial idea de aventarle piedras a unos frisos cuidadosamente elaborados por los Chimú hace mil años. Hasta ahí, la historia de siempre. Pero, a diferencia de los vándalos del siglo pasado, estos viven en la era del abaratamiento de la tecnología. Tienen una cámara que es parte del juego. Quien los graba imita el acento español, como jugando a los conquistadores que arrasan con el pasado precolombino, mientras los muchachitos lanzan tacles y piedras al milenario muro de barro.  Pero la travesura no está completa si no se exhibe en YouTube. Uno de los chicos tenía una cuenta, bajo el nick “Tilintil0n” y subió el video adjuntando el texto “aka un kage de risa….jijijiji”. Eso fue el 4 de enero.   Tres días después alguien lo compartió para sus amigos de Facebook. Inmediatamente el usuario @elmorsa, arqueólogo, lo difundió en Twitter. El sistema de noticias de La Mula captó la alerta y colgó el vídeo para una audiencia mayor. Finalmente, algún periodista atento de 90 Segundos vio la gracia y la rebotó.  Mientras tanto, otros tuiteros revelaron todo lo que los vándalos habían puesto sobre sí mismos en Internet: sus nombres completos, su colegio, sus cuentas en Facebook y hasta elaboraron una infografía detallando quién era el de las patadas, quién el de las piedras y quién el camarógrafo. A las dos de la mañana, con tono asustado, Tilintil0n pidió disculpas en una cuenta de Twitter estrenada para la ocasión. Todo, en menos de seis horas. Provoca vincular la impunidad que sienten estos chicos, o los de las barras bravas, con una sociedad en la que el Presidente de la República indulta a Crousillat –y quizás algo de eso haya, también– pero lo cierto es que los excesos adolescentes en Internet son pan de cada día alrededor del mundo (brutalidad colegial, exposición sexual, cyberbulling). Nacidos en una era en la que las barreras entre lo público y lo privado se han difuminado, todos los menores de 20 años con un mínimo acceso a la tecnología están “en escena” permanentemente. La cámara está allí siempre, no sólo para registrar todos sus actos, sino también para incentivarlos, para bien y para mal.  Y esta vez sí que fue para mal.  Abel Revoredo, de Blawyer, apunta que “resulta muy interesante la rapidez con la que las redes sociales, cumpliendo un rol de control social (similar al que corresponde a la prensa), hicieron eco de esta noticia, obtuvieron las pruebas necesarias, difundieron el hecho y, finalmente, lograron la sanción a los culpables”. Revoredo usa rapidez en vez de eficacia, porque la reacción ha sido notoriamente desmedida. La publicación de los nombres de estos menores de edad ha desatado una serie de insultos y amenazas más violentas que el vandalismo original.  Por ser menores, la ley prohíbe la publicación de sus imágenes y nombres “a través de los medios de comunicación”. ¿Twitter y Facebook son medios? ¿Están regulados por la ley peruana? ¿Si lo fueran, habría forma de sancionar a los usuarios anónimos que infringieran la norma? ¿Si los chicos subieron sus propias imágenes a Internet, eso nos faculta a todos a publicarlas por todos lados? ¿Quiénes son peores, unos chiquillos tontos o unos manganzones que amenazan de muerte desde un teclado?