Además:

Causa perdida

2009/12/18
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Si les preguntamos a cien peruanos qué piensan del Congreso de la República, solo siete se atreven a señalar que sí están de acuerdo con su gestión. Los otros 93 consideran que su trabajo es pésimo. Todo parece indicar que entre estos siete entusiastas están las madres, hermanas, tíos y parientes de nuestros 'padres de la patria’, porque la verdad que uno no se explica cómo todavía hay peruanos, aunque sean poquísimos, que están satisfechos con el trabajo de nuestros congresistas. De acuerdo con un informe publicado en este diario el mes pasado, por lo menos 60 legisladores han estado envueltos en escándalos, como mal uso de recursos del Estado, maltrato a animales, recorte de sueldos a sus trabajadores, contratación de empleados 'fantasmas’, demandas por maltrato familiar, hijos no reconocidos, juergas con garotas y sin garotas, conflictos de intereses, 'subvención’ de espectáculos privados, entre otras perlas. A eso debemos sumarle veinte ilustres desconocidos y que no han aportado nada significativo en sus más de tres años de gestión. Lo que tenemos, entonces, es un Congreso compuesto por políticos absolutamente desprestigiados, a quienes les queda año y medio de gobierno, y que en la mayoría de los casos no tienen ninguna esperanza de ser reelegidos. La combinación nos debería tener muy preocupados. Aquellos que no tienen absolutamente nada que perder poseen un poder que puede resultar peligroso. Se trata de sujetos que pueden caer fácilmente en conductas antisociales cuya sanción poco les importa porque no los colocará en una situación peor de la que se encuentran. Pongamos un ejemplo extremo: un indigente que no tiene trabajo, familia, y ni un perro que le ladre, es capaz de asesinar a alguien para quitarle 200 lucas porque la posibilidad de terminar en la cárcel no es peor que la que vive diariamente en las calles. Eso lo hace un ser aterrador. Volvamos al Congreso: qué podría motivar a nuestros 'padres de la patria’ a actuar decentemente en lo que les queda de gestión. ¿Qué puede perder el señor Mallqui si decide bloquear una iniciativa legislativa que no le conviene a su club de fútbol? ¿Por qué el congresista Núñez tendría que abstenerse de legislar en favor de su querida Alas Peruanas? ¿Y a Alva Castro, qué le importa si lo critican por regalarle plata a Fabiola de la Cuba? Qué van a perder, ¿votos, prestigio, vergüenza? Pero si nada de eso les queda. La reciente decisión de la Mesa Directiva del Legislativo que libra al presidente del Congreso de cualquier responsabilidad en el caso de Fabiola de la Cuba ha demostrado, además, que el control interno tampoco va a funcionar. Así que, agárrense: uno de los poderes fundamentales del Estado, capaz de cambiar las leyes que rigen nuestra vida, está en manos de sujetos a los que ya no les importa nada. De terror.