Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
“No tengo preferencia con tal de que no sea en el Centro, ahí hay demasiado caos, no sé cómo los congresistas lo soportan, deben ser inmunes a la contaminación”, dijo Antonio Brack sobre la ubicación que todavía no encuentra para el flamante Ministerio del Ambiente. En efecto, el Centro de Lima ha sido tradicionalmente percibido como 'caótico’ por la congestión del tráfico, las marchas, la delincuencia o la contaminación ambiental, que lo convierten en un lugar que es preferible evitar. Sin embargo, el Centro ha perdido el monopolio del 'caos’. Ahora la ciudad completa se ha transformado en un verdadero manicomio urbano gracias a la incompetencia de las autoridades ediles, las cuales han demostrado que tienen mucho dinero, pero ningún sentido común y, sobretodo, una absoluta falta de respeto por el vecino que –parecen haberlo olvidado– es su elector. Los municipios, encabezados por Lima Metropolitana, y con la colaboración entusiasta de varios distritales –entre los que destaca Miraflores– han demostrado una total incapacidad para planificar las obras viales con el fin de minimizar los costos para el ciudadano. Ni siquiera han tenido la cortesía de informar a la ciudadanía sobre las obras, el plazo (real) que tomarán, o los motivos del retraso. Produce indignación ver cotidianamente muchas zonas de la ciudad que han sido destruidas, pero en donde no hay ningún obrero trabajando. Sin embargo, no satisfechas con la incompetencia que exhiben ante la ciudadanía, las autoridades ediles –quizá como para demostrar que pueden hacer lo que les da la gana y que les importan un pepino los vecinos– autorizan y promueven eventos que agravan el caos. Anteayer, por ejemplo, La Victoria cerró partes de la Av. México para un desfile de la policía escolar, y ayer, Jesús María hizo lo mismo alrededor de la Plaza San José. Solo son dos casos, pero esto ocurre en toda la ciudad. Los municipios no se han dado cuenta de que la Gran Lima parece haber sido bombardeada. Si los alcaldes no pueden con su incompetencia, al menos deberían prohibir cualquier desfile, pasacalle, izada de bandera, procesión y marcha sindical o de cualquier tipo. Salvo que quieran que todos los vecinos les armemos una buena marcha para decirles cuánto los repudiamos.