Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
"Huánuco es una ciudad muy acogedora, con un clima maravilloso. Creo que se debe a su cercanía con la selva. A veces llueve y, al mismo tiempo, hay sol; entonces, se ve mucho el arco iris. Se ven las gotas de lluvia que brillan con los rayos solares que caen oblicuos. Cuando vine a Lima, a la universidad, les contaba a mis compañeros que así era la ciudad y no me creían", cuenta. ¿De dónde le vino la medicina? No sé. Tengo una anécdota de la infancia. En una granja teníamos unos pollitos y, una vez, a uno le cayó una piedra y le abrió la piel del cráneo. Yo me puse a llorar, pero mi mamá agarró aguja e hilo y cosió la herida. Y el pollito vivió. Creo que siempre quise ser médico. Me decía que su especialidad es la cardiología nuclear. ¿Qué es eso? Es una subespecialidad de la cardiología en la que se usan sustancias que contienen energía –como la kryptonita de Superman–. Inyectamos estas sustancias en la sangre y, por mecanismos químicos, logramos que solo vayan a las células cardiacas. Como la sustancia llega al corazón a través de la sangre, cuando tenemos imagen, vemos un mapa de la irrigación del corazón. Nos dice qué zonas están bien irrigadas, cuáles menos –lo que puede deberse a que una arteria está obstruida– y cuáles ya no reciben sangre y están 'infartadas’. Yo puedo saber si un paciente va a tener un infarto determinando qué tan bien le llega sangre al músculo cardiaco. ¿Qué pasa cuando uno sufre un infarto? Cuando ocurre un infarto, gran parte de las células del corazón puede morir y convertirse en una cicatriz. Si eso sucede, la capacidad del corazón, que es un músculo que bombea, se reduce. Es importante no tener infarto. Es la enfermedad más importante del mundo. La primera causa de muerte son los accidentes automovilísticos, y luego vienen las enfermedades cardiovasculares. El cáncer viene mucho después, pero las campañas están más dirigidas al cáncer. ¿Es posible que una persona tenga un pedazo del corazón muerto y no se haya dado cuenta? Es posible. Son los infartos silenciosos. Se dan, sobre todo, en la población diabética. ¿A partir de qué edad uno tiene que hacerse exámenes? La juventud está cada vez más sedentaria –por ejemplo, juega fútbol en la computadora– y cada vez se come menos comida sana. La gente joven se ve cada vez más gordita, fuma y vive estresada. Pasados los 30 años ya se debería tener un ciclo cardiológico, una prueba de esfuerzo, como mínimo. ¿Qué tan grave es el estrés? La mayor cantidad de enfermedades coronarias se da en las grandes ciudades, donde hay estrés, tabaquismo, sedentarismo, colesterol alto, hipertensión... ¡Todo listo! No hay que esperar un dolor en el pecho para hacerse un examen. Usted trabaja con los llamados 'niños azules’. ¿Quiénes son? Son niños que han nacido con alteraciones en el corazón que hacen que se mezcle la sangre oxigenada con la no oxigenada. Eso hace que estos niños se vean 'moraditos’. Por eso se les llama 'niños azules’. ¿Por qué pasa eso? A veces es un problema genético. También puede deberse a mala formación por radiaciones o a medicamentos recibidos por la madre en el primer mes de embarazo. A los 21 días de vida del embrión, el corazón ya está latiendo. El doctor José Álvarez creó un programa, del cual yo me hago cargo, de apoyo social de 'niños azules’ en la clínica San Pablo. Por lo general, ellos vienen de familias de bajos recursos –la desnutrición materna también es una de las causas–. En estos años se ha tratado a niños de todo el Perú. ¿Cómo arreglan esos corazones? Hay que operarlos. En este trabajo participan el cardiólogo pediatra, el cirujano cardiovascular, el que hace cateterismo, ecocardiogramas, resonancias, etc. Son corazones muy chiquitos. Pero hay males que no son tan inmediatos y le dan tiempo al niño para crecer. Recuerdo un niño de Iquitos que llegó con 13 años. Me decía “doctora, ya no quiero que me digan mazamorra morada en el colegio”. Ahora está estudiando en la universidad. Quizá no puedan hacer todo lo que un niño normal hace, pero sí pueden llevar una vida normal.