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La campaña pro Humala

2009/05/09
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La noticia de que Nadine Heredia recibe ingresos como consultora de un diario venezolano pro chavista tiene valor como información periodística, dado que se trata de la esposa de un seguro aspirante a la Presidencia de la República. De ahí a que exista la necesidad de que el Congreso la investigue porque su marido aspira a un alto cargo público, tal como lo ha planteado la bancada aprista, hay una distancia muy considerable. Por lo demás, este afán indaga-torio es una excelente bandera para el partido de Ollanta Humala. La bancada aprista le está dando el pistoletazo de partida a la campaña electoral de su principal adversario político. Salta a la vista que quieren 'quemar’, y rápido, al candidato nacionalista. De concretarse, la investigación congresal se iniciaría a pocos días de que el Poder Judicial declarara inocente a Ollanta Humala en la investigación por violación de los derechos humanos, a propósito del caso Madre Mía (El Comercio, 1-5-09). La argumentación está servida: se trataría de una persecución política desde el centro del poder. Sin duda, los candidatos deben presentar sus cuentas claras, reciban dinero de la Venezuela de Hugo Chávez, de la socialdemocracia o de la Democracia Cristiana internacionales. El Jurado Nacional de Elecciones y la ONPE deben garantizar que habrá voluntad, herramientas normativas y recursos para cumplir con este propósito en los próximos procesos electorales, incluidos los comicios regionales y locales de noviembre del 2010. La campaña electoral que ya se está anunciando será prolongada y extremadamente desgastante para los principales candidatos. Si sus adversarios consiguen desinflar la candidatura de Humala, el espacio nacionalista puede ser cubierto por cualquier personaje que aspire a reemplazarlo: ¿el general Edwin Donayre, por ejemplo? ¿Cómo se denominaría a este aspirante? ¿Otro “antisistema”? Por otra parte, este tipo de campaña, solo de acusaciones y denuncias, terminará beneficiando a Keiko Fujimori: reavivará la antigua prédica antipartido de su agrupación –“todos son iguales, no se preocupan del país”– y permitiría que la demanda de libertad para su padre adquiera legitimidad, perdiendo de vista su carencia de programa de gobierno y a pesar de que su interés personal no tiene nada que ver con gobernar un país. Así pues, antes de mirar hacia dónde dirigir el ventilador, conviene tener en cuenta que el próximo proceso electoral presidencial plantea muchas incertidumbres: las iniciales mediciones de simpatías electorales presentan a los principales candidatos con preferencias muy bajas, y la insatisfacción de los peruanos frente a la democracia, a pesar del crecimiento de la economía, sigue siendo de la más alta del continente: ocupa el puesto 19 entre 22 países analizados (Cultura política de la democracia en el Perú: El impacto de la gobernabilidad, Julio Carrión y Patricia Zárate).