Política | Jue. 19 nov '09

La burguesía chilena tiene la palabra

Autor: Víctor Andrés Ponce
Chile espía al Perú, compra otro lote millonario de armas y las cosas quedan claras: la democracia mapocha está secuestrada por una guardia pretoriana. Los militares del sur han encontrado en la demanda presentada por el Perú ante La Haya el pretexto para reforzar caducas hipótesis de guerra y recuperar el espacio perdido con la caída de la dictadura pinochetista. Es el viejo libreto que aplican todos los ejércitos antidemocráticos para controlar a sus sociedades. Los intelectuales y los políticos chilenos siguen con disciplina los objetivos trazados en los cuarteles militares. Si no, ¿cómo se entiende el aplauso ante la carrera desbocada por comprar aviones, tanques, barcos y submarinos? Aquí poco vale la distinción entre socialistas y derechistas. Todos participan de la misma fiesta.

Nadie señala que Chile es la fuente de los males y el Perú el origen de las bienaventuranzas. En nuestro país también algunos sectores celebran la misma borrachera nacionalista proponiendo expulsar las millonarias inversiones chilenas. Sin embargo, un amplio sector de la sociedad ve las cosas de manera diferente. Los capitales mapochos en Lima se convierten en los peores enemigos de las tensiones entre los dos países. Si hay disparos y ceños fruncidos, Saga, Ripley y LAN Perú dejan de vender. ¿Cuál es el valor de las empresas sureñas en Perú más allá de esa capacidad de vender? Los locales y stocks no valen nada frente al gigantesco potencial comercial. ¿Qué tienen, entonces, que ver las armas con las inversiones chilenas en Perú? Nada.

El desarrollo económico de Chile ha creado una poderosa burguesía que se expande en Sudamérica, y Perú es una de sus plazas principales. Si el empresariado mapocho no es capaz de enfrentarse a su guardia pretoriana y desarrollar tendencias integracionistas, tal como lo hicieron las burguesías europeas para construir la Unión Europea, entonces, el desarrollo económico del sur no trae nada nuevo bajo el sol. La historia nos enseña que el libre comercio siempre ha convocado a la paz en tanto que los nacionalismos, las ideologías, las religiones y los estados han inundado los continentes de sangre.

Pero la paz no solo depende de las fuerzas del mercado de ambos países sino de la clara decisión del Perú. Acabar con las tercianas nacionalistas no significa el desarme unilateral. Recuperar tecnología militar es una condición para evitar las aventuras. Francia y Alemania impulsaron la unión de su continente no solo por los lazos comerciales sino porque la guerra entre ambos sumaba cero, significaba la aniquilación nuclear. En todo caso, mientras continuamos con nuestra demanda ante La Haya, reforzamos los lazos comerciales con el sur y renovamos nuestra tecnología militar, la burguesía chilena tiene la palabra.


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