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Las brujas en la hoguera

2008/10/18
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Una conductora de televisión de espectáculos tremendamente popular, invasiva, malcriada y con pocos límites. Un futbolista ofendido. Una sentencia disparatada. Decenas de artistas y periodistas con sangre en el ojo. Una élite que despotrica de un programa de televisión cuyos más altos índices de audiencia están –¡oh paradoja!– en la élite. Voces en la radio llorando porque “ella es la única que dice la verdad”. Voces que aplauden la cárcel “para que aprenda”, “porque esa es la ley”, “porque los periodistas no son intocables”. Voces más groseras que le dicen bruja, rompehogares, tele basura, urraca, ¡ahí tienes tu vuelto! En fin, entretenimiento para toda la familia en horario estelar. Todo es Magaly Medina. ¿Quiénes conforman el nuevo gabinete? Ni idea. ¿La huelga médica se levanta? No sé. ¿Este fin de semana se termina la negociación del TLC con China? Hmmm. ¿Los 'petroaudios’ no tienen valor probatorio? Ajá. ¿Luis Valdez, acusado por tener un desbalance patrimonial de 70 millones de dólares, quiere salir libre? ¿Valdez quién? ¿Rómulo León sigue prófugo? Cómo, ¿no era que ya estaba ubicado y cercado? ¿Y cuál es tu teoría sobre el origen del chuponeo? Tenía cinco, pero ya no me acuerdo. Ahora todo es Magaly. ¿A qué puede deberse este fenómeno de masas? En una sociedad sin instituciones y profundamente injusta, queremos ver a los personajes públicos en la prisión o en el altar. El maniqueísmo no permite entender que no todo es delito, ni todo delito merece cárcel. En todo caso, y más en uno de difamación, las penas deben ser proporcionales y no están relacionadas con una trayectoria de vida (aquí la reincidencia no aplica), sino con la conducta que se juzga caso por caso. Si Magaly difamó, lo que todavía tiene que determinarse en una sentencia firme, tiene que pagar una condena acorde con la falta. Ya lo ha hecho en dos de las 13 veces en que ha sido denunciada. los periodistas no somos intocables. Vaya que no. Los periodistas son golpeados, insultados, clausurados, detenidos, deportados, amenazados de muerte y asesinados. Pero no van a dejar de buscar la noticia aunque existan dificultades. Y puede que a usted y a mí, o a ustedes, no nos guste su forma de trabajo, puede que sus excesos nos resulten insoportables; pero nada de eso justifica la severidad de esta condena. El caso Magaly deja un precedente muy, pero muy malo, que se aparta de la jurisprudencia uniforme, de más de 30 años, sin ninguna explicación. Los que justifican y se alegran por su encarcelamiento –y el de su productor– no saben que es el anuncio de muy graves tiempos si es que, pronto, no se despenaliza la difamación restringiéndola a la vía civil.