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La brecha anticorrupción

2009/08/24
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Autoridades y políticos en general adoran tomarse fotos y hablar de cuánto luchan contra la corrupción. Pero a la hora de las precisiones la cosa no siempre es clara. La mejor demostración la dio el premier cuando dio su discurso ante el Congreso y dijo que continuará con el Plan Anticorrupción, pero no dijo como, y más bien seguimos esperando que esa importante herramienta se convierta en un documento oficial. Pero también se puede mencionar el entusiasmo del presidente cuando habla de garantizar la transparencia en las nuevas grandes obras del Callao (por ejemplo la Av. Néstor Gambetta, que hay que mirar con detenimiento cómo pasó de 120 a 500 millones sin solución de continuidad) o las de Essalud; pero tenemos muy poca información sobre las mismas. O sea, se habla mucho pero se muestra muy poco. Ahora bien, después de la saludable llamada de atención al Ejecutivo, hay novedades interesantes en las instituciones del Estado que luchan contra la corrupción. Por ejemplo, hoy lunes 24, la fiscal de la Nación, Dra. Gladys Echaíz, inaugurando la Escuela Nacional Anticorrupción, es seguro que ratificará su compromiso institucional con esta causa y con la promoción de la participación ciudadana. Lo dijo meses atrás en el Acuerdo Nacional y lo refuerza ahora, lo cual es, sin duda, una señal muy alentadora. Otra muestra la viene dando el Poder Judicial y su sostenido apoyo a la Oficina del Control de la Magistratura (OCMA). El Dr. Javier Villa Stein y la Dra. Elcira Vásquez están trabajando en remover viejas costumbres. No es todo lo que quisiéramos, es verdad, pero quienes hemos pasado por el Estado sabemos lo difícil que es ir contra el “orden establecido” y contra los apetitos particulares. Finalmente, escuchamos al contralor de la República, Fuad Khoury, en su presentación al Congreso y vemos con renovado entusiasmo su compromiso con la descentralización del Sistema Nacional de Control y su interés en trabajar del brazo de la sociedad la civil y la “de a pie” para combatir la impunidad y recuperar la confianza en la función pública. Estas buenas señales, en conjunto, sugieren un potencial refuerzo del sistema de 'checks and balances’ (controles interinstitucionales), que es clave en cualquier sistema anticorrupción para evitar los desequilibrios y abusos de poder. Sin embargo, en un país con un Poder Ejecutivo tan poderoso, se necesita más que eso. Lo central tiene que ser el liderazgo al más alto nivel –y no me cansaré de señalarlo– si queremos avanzar contra la desconfianza que corroe los cimientos del vínculo entre Estado y sociedad.