Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Luego de un insípido debate, donde solo la 'habilidad’ con las matemáticas de un congresista amenizó la sesión, no fue ninguna sorpresa que las mociones de censura al premier y a la ministra del Interior no lograran aprobación. Ya se había adelantado que la oposición se había quedado lejos de lograr la mitad más uno de los parlamentarios. Sin embargo, el que se hayan salvado solo por cinco votos es una censura moral; ellos, claramente, no han recibido un espaldarazo. Por tanto, lo acontecido en las últimas semanas no puede ser desechado como un episodio cerrado sino, más bien, debe ser tomado como una señal de alerta al Ejecutivo sobre la necesidad de reestructurar su gabinete y, más importante, redefinir su estrategia de trabajo. El premier Simon –quien fue el único ministro que asumió su responsabilidad desde un inicio– está, evidentemente, de salida, ya sea que se vaya en Fiestas Patrias o decida completar un año en esa función. Incluso, su partido está ad portas de lograr su inscripción nacional y él tiene la pretensión de aspirar a algún cargo en la próxima elección. Por lo tanto, no le conviene quedarse demasiado tiempo en el premierato. Con ello, el presidente García tiene algunos días o, en todo caso, un par de meses para buscarle un reemplazo. A la reiterada recomendación de que sea un independiente le agregaríamos la propuesta que hizo Javier Bedoya –en una reciente entrevista en este diario– de que no sea alguien que esté pensando en ser candidato. Al premier que designe, García le tiene que exigir una garantía de que no aspirará a ningún cargo en las elecciones del 2011. Esa sería la única manera de asegurarse de que conformará un gabinete que lo pueda acompañar, si así lo desea, hasta el final de su mandato. Por otro lado, lo que no puede esperar, y es fundamental, es oxigenar al Gobierno. Es claro que a la inexorable e inmediata salida de la señora Cabanillas se debe sumar la de algunos ministros. Si vemos los sectores que no están aportando –programas sociales, agricultura, todo el tema laboral y de formalización de mypes, salud, entre otros–, tendremos una idea de por dónde deben venir los cambios. Pero lo realmente importante sería que el Gobierno recobre algún tipo de horizonte y deje de estar a la deriva. Para ello, una buena agenda con reformas y resultados exigibles para cada sector haría maravillas para poder sacarlos de su actual letargo.