Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
El resultado de los referendos revocatorios en Bolivia –a los que se someterán hoy el presidente de la República, su vicepresidente y ocho prefectos departamentales– puede originar un cambio sustantivo del escenario político en ese país. Según las encuestas divulgadas por medios de comunicación bolivianos, las autoridades políticas que tienen altas posibilidades de superar el desafío al obtener una votación mayoritaria son el presidente Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera; así como dos prefectos opositores, los de Santa Cruz y Beni. Estarían en duda los prefectos de Oruro y Potosí (ambos oficialistas) y los prefectos opositores de Tarija y Cochabamba. A los de La Paz y Pando, también contrarios al gobierno de Morales, se los menciona como los más probables candidatos a ser revocados. La clave para el gobierno es confirmar a Evo Morales y a García Linera. El oficialismo estaría apostando, además, por mantener a uno de sus dos prefectos actuales (Oruro y Potosí) y a ganar en Cochabamba, La Paz y, si fuera posible, en Tarija. Sabiendo que en Santa Cruz y Beni no le irá bien, el oficialismo ha hecho una campaña muy fuerte en Cochabamba. Lo mismo en Tarija, acusando al prefecto de corrupción; y en La Paz, con el propósito de afirmarse en la capital y sacarse de encima a un incómodo opositor. La oposición pretende confirmar su hegemonía en Santa Cruz y Beni, prácticamente seguros; sostenerse en Tarija y, si fuera posible, en Cochabamba y La Paz, propinándole simultáneamente un golpe al oficialismo en Oruro y Potosí. Visto el panorama desde fuera, el escenario más optimista sería que después del referendo se abriese un espacio para la negociación. Sin embargo, distintas manifestaciones indican que hacia allí no se dirigen los ánimos. La situación puede resultar peor e incluso poner a Bolivia al borde de la guerra civil. En un claro llamado separatista, el prefecto de Santa Cruz ha declarado que si él es confirmado en el cargo, el gobierno nacional no gobernará en su región; y el alcalde del mismo lugar no ha tenido mejor idea que llamar al golpe: “Las fuerzas armadas deberían tumbar ya al gobierno nacional porque no sirve para nada” (Agencia Boliviana de Información, 9.8.08). Desde la otra acera, si el presidente Evo Morales evalúa que ha triunfado con holgura, es probable que imponga la cuestionada nueva Constitución y que el gobierno se incline hacia el autoritarismo. A estas alturas, el espacio para el diálogo no depende exclusivamente de los resultados de hoy sino más bien de que los actores políticos se puedan sobreponer a una historia cargada de exclusiones, de desprecios y de ánimos de revancha.