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Bolivia: ¿Qué pasará mañana?

2008/08/10
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“Fiestas cívicas”. Ese es el lugar común con que se describen siempre los aniversarios patrios y los días de elecciones. Esta semana, el 6 de agosto, Bolivia celebró su independencia, y hoy hay elecciones revocatorias. Difícil que alguien allá crea que están viviendo una fiesta. Aun para los estándares bolivianos, ha sido una semana convulsa y trágica y lo que hoy pudiese llegar a ocurrir es impredecible. El acto central de la celebración de la independencia se realiza en Sucre, con una sesión de honor de los tres poderes del Estado. Evo Morales no pudo llegar. Los dirigentes de Chuquisaca habían amenazado con protestas populares por su presencia. El gobierno, por su parte, impidió al Senado, dominado por la oposición, celebrar su sesión de honor en la Casa de la Libertad. Evo optó por un discurso de combate para sus partidarios reunidos en la Plaza Murillo. Morales tampoco pudo ir esta semana a Tarija –la población cercó y atacó el aeropuerto– donde debía reunirse con los presidentes de Venezuela y la Argentina. En los departamentos de Beni, Pando y Santa Cruz también se impidió la llegada del presidente, quien declaró que en el país estaba en marcha “una especie de dictadura civil atentando contra la democracia”. No fue lo único que ocurrió. Empezó, y continúa hasta hoy, una huelga de hambre de autoridades y dirigentes de los departamentos de la 'media luna’ (al viernes se contaban 1,366 ayunantes), reclamando la reposición de los recursos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos, el equivalente a nuestro canon. En paralelo, la protesta social siguió su curso en los más diversos sectores y cada quien por sus propias demandas. En ese marco, en Oruro se enfrentaron policías y mineros, lo que terminó con las vidas de dos de los trabajadores. Los muertos en este tipo de hechos llegan ahora a 29 durante la gestión de Morales; un problema serio para cualquier gobernante, pero que para alguien que llegó al poder desde las protestas sociales, se convierte en un fardo muy difícil de sobrellevar. Símbolo del nivel de enfrentamiento: Morales espera la hora del voto en el Chapare, el bastión cocalero que lo lanzó a la política. Costas, el prefecto de Santa Cruz, lo hace en huelga de hambre en la Plaza de Armas. ¿Qué viene a partir de mañana? Dependerá no solo de las ánforas, sino de lo que pueda acontecer en esta difícil jornada. No hay garantías de nada, para nadie. En cuanto a los resultados de la votación, y hasta donde se puede saber, parece que Evo y la mayoría de los prefectos serán ratificados; con ello, unos y otros reclamarían victoria y achacarían al rival determinadas derrotas. En suma, un empate que no resuelve la crisis. Decir que la situación boliviana ha llegado al límite es ya un cliché. Se ha dicho tantas veces y las cosas siguen empeorando, pero a fuego lento. Puede que así continúen, pero nadie puede descartar que en cualquier momento una chispa produzca un estallido trágico de signo y resultados impredecibles. ¿Qué hacer? A estas alturas, mirando al país en su conjunto, no son viables ni el proyecto de socialismo indigenista de Evo ni el modelo de los “cívicos” de la 'media luna’. La razón indica que mantener a Bolivia unida y conseguir un mínimo de estabilidad política requiere que las dos partes conversen, negocien, concedan y pacten.Pocos creen en Bolivia que ello sea fácil.