Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
En las últimas semanas se ha evidenciado la falta total de una estrategia de comunicación en el Estado. En primer lugar, a raíz de los sucesos de Bagua, la prensa mundial recibió una versión distorsionada y parcializada de los hechos; pero, casi tres semanas después, en la gran mayoría de medios, esa errada impresión aún se mantiene. Luego tenemos la pandemia mundial de 'gripe porcina’, sobre la cual todos los medios vienen informando desde hace meses. Sin embargo, al empezar el invierno en nuestro país, cuando era predecible que los casos se multiplicaran, se ha producido un verdadero pánico entre los padres de familia de diversos colegios. Claramente, no se ha informado adecuadamente a la población de los síntomas ni de los riesgos de la influenza, y la desinformación inexorablemente desemboca en temor. Más aún, el informar sobre los riesgos y las maneras de prevenir una potencial epidemia es el ejemplo más claro de la necesidad de comunicación por parte del Estado. Sin embargo, el esfuerzo del gobierno se ha limitado únicamente a dar conferencias de prensa de poca difusión y aún menor efectividad, en lugar de montar una campaña masiva para informar a la población. Esto a pesar de contar con un abultado presupuesto para publicidad estatal, el cual, lamentablemente, parece estar reservado exclusivamente a difundir las obras del gobierno, suponemos que buscando levantar su nivel de aprobación. Finalmente, tenemos el caso del Instituto de Radio y Televisión del Perú (IRTP): el incidente protagonizado por su presidente –quien ya ha renunciado al cargo– ha vuelto a poner sobre el tapete el manejo del canal del Estado. Aunque, en realidad, deberíamos más bien referirnos al canal del gobierno, ya que existe una creciente tendencia a difundir actividades o a personalidades partidarias por ese medio. Dicha situación, que –hay que reconocerlo– también se ha dado en otros periodos, nos lleva a plantear nuevamente la necesidad de aislar o blindar a IRTP del gobierno de turno. En ese sentido, experiencias exitosas de canales estatales que mantienen total autonomía de sus gobiernos, como la BBC, por ejemplo, deberían replicarse. Para ello, lo primero sería nombrar un directorio compuesto por independientes. En ese momento, las comunicaciones del gobierno empezarían a adquirir un mínimo de credibilidad.