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Bendiciones bajo mi puerta

2009/09/15
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Recibí una estampita llamada 'Oración para la prosperidad’. Después de las alabanzas a Dios que rayaban en la sobonería –bien amado, príncipe de príncipes, generosísimo, compasivo– decía: “Si rezas esta oración con mucha fe por 10 días, haz 10 copias y distribúyelas antes de los 30 días. Constatarás que todos tus deseos serán concedidos: tus deudas serán pagadas, encontrarás trabajo si lo necesitas o todo lo que pidas. Confía, que Él está junto a ti, te ama y sabe de tus necesidades”. Mi abuela me enseñaba a rezar con humildad. Esto es otra cosa. El que pide controla y pone condiciones. Dios, frente a tanta zalamería, no tiene escapatoria: tiene que cumplir. ¿Qué desesperaciones hay detrás de estas cadenas? Dice Melanie Klein que la primera posición del desarrollo del niño es la esquizo-paranoide, donde las angustias son aterradoras, y la fantasía y el pensamiento mágico priman sobre la realidad: que, para salir de esa posición (a la que se puede regresar en situaciones de crisis), es esencial que el niño aprenda a tener juicios de pensamiento. Una madre violenta, angustiada, depresiva, intrusiva, es en realidad un atentado contra la capacidad de pensar. El niño que por miedo obedece jamás aprenderá a pensar productivamente. ¿Por qué tantos creen en estas cadenas? Quizás el altísimo nivel de angustia que muchos peruanos sufren desde pequeños –por conflictos familiares, sociales y económicos– han producido en ellos una autoestima ínfima y desesperanzas tan grandes que los llevan a no confiar en sí mismos. Han regresionado a etapas infantiles pues sienten que su realidad es inmanejable. Su fantasía los defiende de la dolorosa realidad. Rezar, pero sin dejar la realidad al costado.