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El bello José

2009/11/22

En todas las culturas existe el tópico de la feroz rivalidad entre hermanos. Sí, los hermanos compiten con dureza. Salvo que la alianza de todos contra uno casi siempre se da debido a la homosexualidad.

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Aquí, en Perú.21, leí la columna de Jaime Bayly en la cual sustenta la idea de que, en una familia, los hermanos compiten ferozmente, peor que enemigos. Pone como muestra su propio botón. De sus siete hermanos, todos lo odian a muerte, públicamente, excepto uno, el ausente de la cena pascual. Solo que en su extenso alegato, a Bayly le faltó declarar el motivo específico de tanto rencor. No es por celo o envidia. Menos porque ansíen su celebridad. No. A Jaime Bayly sus hermanos lo detestan por ser homosexual. Más todavía cuando expone la decencia de la familia a la luz de la televisión. Sin duda, a Bayly le ocurre lo que le sucedió al bíblico José, el bello hijo de Jacob. Los once hermanos detestaban a José, sin excepción. La cultura occidental judeocristiana, especialmente en la versión grecolatina de la Biblia, también soslaya que a José sus hermanos lo odiaban por ser homosexual y tener una pinta delicada. Desde la Septuaginta (en griego) hasta la Vulgata, la Biblia dice que los hermanos sentían celos de José por ser este el hijo preferido de Jacob. Mentira. Lo despreciaban porque lo consideraban mariposón, que se exhibía con una vestimenta muy acicalada y colorida. Hay textos en los manuscritos del Mar Muerto que lo revelan expresamente. Además, existen muchísimos datos históricos que confirman la homosexualidad de José y el deseo turbio que movió a Putifar para comprarlo como esclavo y amante. Incluso se dice, al detalle, que Dios envió al arcángel Baraquiel con un cuchillo de fuego (rayo láser), y este capó en seco a Putifar para impedir el acto pecaminoso. Por supuesto, la Biblia es un libro mítico. Sin embargo, todo lo que dice tiene un referente concreto en la realidad. Las uvas que Noé encontró al pie del Monte Ararat cuando salió del Arca, las uvas con las que hizo vino y se pegó tremenda borrachera, todavía están allí, silvestres, después de 5 mil años, en Armenia, de donde es oriunda la vitis vinifera, antes que franceses, italianos o ibéricos la llevasen a sus predios, a Ocucaje en el caso del Perú. Pero tenemos que reconocer que el argumento de Jaime Bayly no es antojadizo. En todas las culturas existe el tópico de la feroz rivalidad entre hermanos. Así como el 'ojo’ y el 'susto’ son enfermedades psíquicas comunes en los sectores populares, igualmente lo es el mortífero 'celo’ que seca y consume al hermano siguiente al recién nacido. Sí, los hermanos compiten con dureza. Salvo que la alianza de todos contra uno casi siempre se da debido a la homosexualidad. El propio Jaime Bayly ofrece un claro indicio de que el odio de sus hermanos no se debe a su celebridad sino a su definición sexual. Esto cuando lamenta que uno de los suyos haya dicho: “No leo libros de maricones”. Tal punto ya no es rivalidad. Se trata abiertamente de homofobia. Esa homofobia ha calado muy profundo en la civilización. Aun luchadores sociales que antes se decían socialistas o comunistas la mantienen viva. Ni el marxismo leninismo, menos el maoísmo, los libró de la carca. Los militantes del Partido Comunista Peruano denigraban la secreta homosexualidad de Víctor Raúl Haya de la Torre y lo llamaban “Lucy”. Aun en un periódico tan ponderado como Libertad, de la élite Partido Social Progresista. Haya de la Torre nunca tuvo el valor para declarar que era hojita de té. Más bien, cuando fue candidato a la presidencia, en 1962, llegó a insinuar amores y matrimonio con la célebre Marilucha Montero. Toda la atmósfera deprimente de la novela Conversación en La Catedral se debe a la angustia de Zavalita porque sospecha que su padre, el empresario Fermín Zavala, es homosexual. Desgraciadamente ese es el punto de vista del narrador. O sea, el autor avala la homofobia. ¿Qué rebeldía puede haber en un joven, miembro de una célula comunista, que condena la posible homosexualidad de su padre? Eso es, sencillamente, pensamiento reaccionario. Sin embargo, entre Jaime Bayly y el bello José crece una diferencia. José nunca dejó de amar a sus hermanos, pese a que estos lo vendieron como esclavo al mercader Malek Dar, quien lo revendió a Putifar, el marido de Zulaika que, despechada, mandó a la cárcel a José. Y cuando José triunfó en la corte del faraón por revelar el sueño de las vacas gordas y las vacas flacas, jamás pensó en la venganza. Solamente les dio un purgante. El día que los hermanos llegaron hambrientos a Egipto en busca de trigo, José los reconoció, pero ellos no. Era una celebridad, el administrador del reino. Entonces, les propuso una prueba. Si lograban desentrañar la escritura de un viejo texto, les daría el trigo gratis. Les dio el rollo de pergamino. Era el recibo que ellos le habían firmado al mercader Malek Dar por la venta de José. Los humilló, mas luego les dio el panalivio.