Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Ver a Jaime Bayly discutir con Enrique Ghersi sobre los planes del futuro gobierno que encabezará podría ser –si la intención va más allá de un divertimento televisivo– un ejemplo de transparencia democrática y honestidad intelectual. Un aspirante a presidente exhibiendo graciosamente su ingenio y sus limitaciones e ingenuidad no es cosa de todos los días. En general, quienes aspiran a tan alto cargo suelen aparecer como eminencias grises con opiniones afiladas y prudentes sobre cada uno de los asuntos que preocupan al país y al mundo. Tan hechos están los candidatos a este estilo, que suelen equivocarse con solemnidad y uno no puede menos que pensar que el equivocado es uno. Las barrabasadas solemnes son como las misas en latín: están revestidas de un aura de misterio y lejanía que impone respeto. Bayly, por su parte, dispara sus ideas como quien está organizando una excursión de fin de semana. Dice, o parece decir, al menos, lo primero que viene a su cabeza: qué candidato, que tuviera en cuenta el peso de los valores y las creencias del pueblo peruano, 'osaría’ –ese es el verbo adecuado– malquistarse con la Iglesia Católica en un país donde el Señor de los Milagros juega orgullosamente de 'local’ y moviliza más gente que ninguna otra manifestación popular. Creo que ninguno que aspire realmente a ocupar la residencia más importante de la Plaza Mayor. Exhibir en cámara los documentos que fijan las remuneraciones que el Estado peruano paga a los distintos funcionarios de la Iglesia Católica es, desde el punto de vista de la transparencia, un hecho saludable. No creo que ello asombre y, mucho menos, parezca injusto a los católicos de misa semanal. Otros, menos militantes o menos informados, se sorprenderán de una realidad que revela el poder del sistema para mantener en la oscuridad aquello de lo que no conviene hablar. Yo, que vengo de un país donde las relaciones entre la Iglesia y el Estado han tenido tiempos de enorme tensión, con golpes de Estado y apoyo a dictaduras incluidos, no recuerdo haber escuchado nunca en la televisión peruana la palabra 'Concordato’. Por primera vez la oí aquí, el domingo pasado, en boca de Enrique Ghersi, y reavivó en mi memoria viejas y justas luchas por un Estado laico e interminables discusiones con los muchachos de la Acción Católica. Este hecho revela una de las tantas contradicciones que enfrentará el candidato del ingenio y la ingenuidad en su marcha hacia la Presidencia: Jaime será ubicado entre quienes han tenido o tienen entuertos irresueltos con la jerarquía católica, como Fidel Castro, Hugo Chávez o Cristina F. de Kirchner. No es seguramente la compañía a la que aspira Jaime –quien abomina de Fidel y de Chávez y trató, en una irreverencia sexista que lo desmerece, de meretriz a la presidenta argentina por la TV de Miami–. En fin, la política está hecha de choques y contradicciones. Todo vale. Hasta la saludable novedad de discutir y armar programas de gobierno frente a las cámaras de televisión.