Sábado 26 de mayo del 2012 | 19°
Cuando encontré el libro Superheroes and Philosophy (Superhéroes y filosofía) editado por Tom & Matt Morris en la librería de un aeropuerto, quedé intrigado pero no sorprendido. Los cómics, particularmente los de los superhéroes, constituyen una vertiente importante de la cultura popular contemporánea y sus argumentos ilustran los grandes temas que han preocupado siempre a la filosofía: el bien y el mal, la justicia, el sentido de la vida o la identidad. Como en los mitos antiguos, desde su aparición, a fines de los años treinta, en los superhéroes es posible ver el reflejo de los temores y esperanzas de cada generación. Actualmente el tema central de los cinematográficos Superman, Batman o el Hombre Araña es la búsqueda de sí mismos, que los lleva a reconocer sus propios límites y al descubrimiento de su necesidad de sentirse aceptados y amados, pero también a asumir el legado de su estirpe. Evidencian un conflicto interno que resuelven a través de actos heroicos, para cuya realización tienen que disfrazarse de modo que puedan ser reconocidos fácilmente por los seres comunes y corrientes, de quienes deben diferenciarse. Paradójicamente, sus máscaras o disfraces revelan su verdadera identidad. ¿Qué haríamos si de pronto descubriésemos que poseemos superpoderes? ¿Cómo nos comportaríamos respecto a los demás? ¿Cómo nos verían ellos? Platón ensaya respuestas distintas, pero no necesariamente opuestas a estas preguntas en La República a través de Glaucón, quien afirma que una persona justa con superpoderes se portaría exactamente igual a una persona injusta, es decir, usándolos con impunidad por razones egoístas, y de Sócrates, para quien es inherente a la naturaleza de los seres humanos asumir sus responsabilidades frente a los demás. Las continuas batallas entre los superhéroes y los supervillanos nos recuerdan que el poder puede servir tanto para el bien como para el mal. Dado que, como dijo Lord Acton, “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, es imprescindible que los superpoderes reales, que son políticos y económicos, sean sometidos a una serie de mecanismos de control. Aunque el bien y la justicia se imponen siempre en los cómics, la historia nos ha enseñado que no pocas veces triunfan los villanos. En nuestro universo latinoamericano encontramos también personajes de historieta que echan mano de un disfraz para distinguirse: la boina de medio lado de Chávez o el chalequito de colores andinos de Morales. Ambos se creen Batman pero son el Guasón. Y, claro, Correa es Robin, pero el Robin del Guasón. ¿Quién ganará las próximas elecciones de Ciudad Gótica, Batman o el Guasón? Si nos guiamos por el resultado del último referéndum en Venezuela, estamos fregados, así que tenemos que ponernos las pilas.