Además:

¡Ay, Benedicto, ay!

2009/03/23
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a los católicos no les gusta que se burlen de sus mitos o que critiquen a los jerarcas de su iglesia. Es justo y están en su derecho. Pero, nosotros estamos en el nuestro cuando sus mitos o la opinión de sus jerarcas colisiona con el sentido común o, como en este caso, con el respeto a la vida. Resulta que los enardecidos defensores del derecho de todo embrión o feto a convertirse en una vida plena, se zurran espectacularmente en el derecho de los seres humanos a conservar su salud. Las declaraciones de Benedicto XVI afirmando que la distribución de condones agrava el problema del sida no resiste el mínimo análisis racional. Sé que la razón no es algo que interese a los papas, sino, seguramente, no serían papas. Pero, sí nos interesa que afirmar poéticamente que el problema del sida tiene como única solución eficaz la “humanización de la sexualidad” y una renovación espiritual destinada a “sufrir con los sufrientes”, son solo palabras. Sería interesante saber cuánto tiempo cree el papa que tomaría llegar a construir esa humanización de la sexualidad en un mundo cada vez más deshumanizado económicamente y en el que la Iglesia, salvo excepciones –que, por lo general ,son castigadas (como la Teología de la Liberación, por ejemplo)–, ha optado por unirse a los intereses de los ricos. Ese “sufrir con los sufrientes” –que, por otra parte, solo la hacen algunos meritorios y admirables curitas y monjitas, por quienes sentimos el mayor de los respetos– parece casi una invitación a que dejemos que la enfermedad avance para que los buenos católicos tengan con quien ejercitar su espíritu cristiano. Así como la Iglesia pidió perdón a Galileo, mañana pedirá perdón, si prima la cordura, a los miles de seres humanos que obedeciendo la voluntad papal han dejado de usar condón y han contraído una enfermedad que, en muchísimos países, carece de la atención oficial imprescindible. Lo que dijo Benedicto es una invitación al suicidio, y mañana podría ser conocido como el genocidio no violento más grande de la historia. Felizmente, muchos católicos saben disponer de sus vidas con arreglo al sentido común, sin necesidad de guiarse por el magisterio de las autoridades pontificias. Un padre debería ser un filicida para aconsejar a su hijo que no use condón. Es estimulante, además, que haya habido un aluvión de críticas tras la afirmación papal. El presidente del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, exigió que el Papa se retracte de sus comentarios, a los que calificó de “inaceptables”. Los gobiernos de Francia, Bélgica y Alemania, expresaron su preocupación pues lo dicho perjudica los esfuerzos y campañas de salud pública sobre el sida. “Francia manifiesta una preocupación extremadamente severa por las consecuencias de los comentarios de Benedicto XVI”, dijo el canciller francés y agregó: “Aunque no nos compete abrir juicios sobre la doctrina de la Iglesia, consideramos que tales comentarios son una amenaza a las políticas de salud pública y al deber de proteger la vida humana”.