Además:

El autocomplaciente ejercicio del blog

2007/02/25
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El chiste está en que uno puede agregar a su blog cualquier cosa en cualquier momento (esto no se puede hacer en una página web). Pueden entrar a nuestro blog valientes comentarios sobre lo que sufrimos ayer y entusiasmadas noticias sobre lo que pensaremos mañana. Y, por lo menos en algunos blogs, hay abierto también espacio para comentarios del público lector, que quedan allí inmortalizados. La posibilidad de darse a conocer por millones de personas cumple el vaticinio de Andy Warhol, aquel que dice que, en el futuro, todos seremos famosos durante quince minutos. Pero ser dueño de un blog es solamente ser mundialmente accesible, no mundialmente accedido, y por tanto famoso. Hasta el momento la trascendencia de los blogs es muy local y tremendamente específica. Los aficionados al anime -ese peculiar arte ilustrativo japonés- tienen sus blogs, y también los tienen los coleccionistas de magnolias amarillas, y también los aficionados a la cerámica de Brabante del Siglo XVI. Y también, por supuesto, los escritores peruanos. O más bien, nuestra gente de letras. ¿Es que Vargas Llosa mantiene un blog donde vierte sus reflexiones, confesiones y opiniones? ¡Bueno fuera! Vargas Llosa se la pasa escribiendo novelas, no tiene tiempo para blogs. En realidad solo los literarios (que no literatos) con mucho tiempo en sus manos pueden mantener un blog. ¿Leerlos es una pérdida de tiempo? No necesariamente, con tal de mantener el tiempo de lectura por debajo de los quince minutos. Yo me he encontrado con noticias que no conocía y comentarios interesantes. También con mucha basura pero esa es la naturaleza de Internet. Sin embargo, no nos engañemos. Los blogs tienen dos funciones importantes. Una de ellas es la de desahogar bilis (muchos autores firman con pseudónimo y tienen enemigos mortales) y la otra es hacerles sentir a sus dueños que su opinión tiene peso. ¿Cuánto? Depende del número de lectores. ¿Cuántos son? Podrían ser millones. ¿Promedio estimado de lectores reales? Pues, la verdad, la verdad comprobada es que un blog literario típico peruano lo leen su autor, sus amigos, su enamorada y sus patas de la universidad. Pero sirve de algo, por supuesto. Mientras esté en el ciberespacio, le cabrá la esperanza de cumplir el vaticinio de Warhol. Que no es, claro está, poca cosa. Para su autoestima, claro. Que no es poca cosa tampoco.