Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
La disposición favorable para la entrega de los estadios de Arequipa, Moquegua y Tacna para el Sudamericano Sub 20, clasificatorio al Mundial de Egipto 2009, nos ha llenado de satisfacción. Yo supongo que el ingeniero Arturo Woodman, gestor de la impensable negativa, y el ministro Chang zapatearán y tendrán recursos de presión para persistir en su posición, aunque el presidente Alan García acaba de pedir todo el apoyo para Yehude, de manera que todo pinta a favor de la realización, en suelo patrio, de un torneo donde tenemos altas probabilidades de clasificar. Las razones para apoyar a la sub 20 son de fondo. El progreso en fuerzas básicas es lento y se mide torneo a torneo. Las mieles de los recordados 'jotitas’ son parte de un buen trabajo previo. Basta con recordar que la sub 17 anterior a la mundialista se dio el lujo, en 2005, de doblegar y eliminar a Argentina en suelo 'gaucho’. Algo así no había ocurrido antes. Ahora veamos el progreso en la categoría sub 20, más difícil de trabajar pues hablamos de jugadores que ya rompieron el cascarón familiar y el paraguas escolar. La última sub 20 participó en enero de 2007 en Paraguay y se comió todas las goleadas. Sus 17 integrantes provenían de tres instituciones. Ocho eran de Alianza Lima, ocho de Sporting Cristal y uno, Josepmir Ballón, del Cantolao. Y en muchos casos ni siquiera provenían de esa cantera. Los había trabajado la FPF (para el Mundial Sub 17 de 2005) y luego habían sido fichados por íntimos o celestes. Pero no había más. Hoy vemos que la actual sub 20 se compone de jugadores que provienen de 11 instituciones, siete de las cuales son clubes de primera división, sin contar los cuatro elementos que ya juegan en el extranjero. El progreso es visible y forma parte de una política que ha sabido avanzar a despecho de los mayores. No la matemos y tendremos una generación sólida.