Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
En el siglo XXI, la mayoría de naciones parece haber reemplazado su tradición guerrera por una obsesión futbolera. La copa del mundo, cada cuatro años, es lo más cercano que tenemos en la actualidad a las guerras medievales. Las poblaciones de los países que campeonan o que tienen un buen resultado caminan por días encima del agua de satisfacción. Basta ver cómo los hondureños, que hasta ese momento parecían estar al borde de una guerra civil, se olvidaron por completo de Zelaya y de Micheletti cuando le ganaron a El Salvador y clasificaron. No se puede negar que tener una selección exitosa llena de orgullo a una población. Por otro lado, si seguimos esa línea de pensamiento, entonces los peruanos deberíamos estar en la más grande depresión, ya que jamás hemos tenido una selección que haya sufrido más derrotas. Hemos terminado en el último lugar sudamericano, ya no nos queda ningún país para consolarnos, todos nos han superado. Nunca hemos estado más bajo, nunca ha sido peor nuestro fracaso. Felizmente para la economía del país, los aficionados se sacuden rápido de las derrotas. “Así es el fútbol” es la frase más utilizada para olvidar a nuestras selecciones desde hace 27 años. En caso contrario, estaríamos camino a las más profunda recesión. Sin embargo, no deja de ser un escándalo la manera tan inepta como se maneja la selección y, antes de que nos olvidemos de la vergüenza que hemos pasado, debemos iniciar una cruzada para que el país recupere la federación que está secuestrada desde hace años. Como lo demuestra Chile, que pasó del último lugar en la eliminatoria del 2002 a lograr, con buen margen, la clasificación en la actual, la recuperación parte necesariamente por deshacerse de todos los dirigentes que han fracasado. Asimismo, es fundamental apostar por entrenadores de nivel mundial que no se dejan pisar el poncho por agentes o dirigentes y dejarlos trabajar libremente. En el fútbol, al igual que en la educación pública, es el Gobierno el que tiene que forzar los cambios para poder salir de la asfixiante mediocridad en que nos encontramos. Si nuestra selección no muestra ninguna ambición, esa pésima actitud se va a trasladar a nuestra juventud. Querámoslo o no, los futbolistas son hoy uno de los modelos que los niños buscan imitar, así que por lo menos asegurémonos de que tengamos un grupo de ellos que sea orgulloso y muestre ganas de triunfar.